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01.04.07
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Noticias >> Religión y Fe
El poder de la misericordia divina
J. Dávila y Castellón

“En el misterio de la cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celestial. Él aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su hijo unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de la soledad y de impotencia, se transforma de este modo en el acto supremo de amor de libertad del nuevo Adán”.

(Benedicto XVI)

“¿Y cómo fue que te convertiste?” pregunté a una joven. Ella humildemente, me respondió: “Fue Él, el Señor, quien me convirtió”. Y me explicó cómo, después de una vida de total indiferencia a Dios y sus cosas, al escuchar una prédica durante una misa parroquial se sintió directamente interpelada por Dios y en cosa de un momento fue prácticamente “invadida” por la infinita misericordia divina.

Esta experiencia de fe marcó definitivamente en forma muy positiva la vida de esta muchacha, quien no se cansa de agradecer al Todopoderoso la gracia incalculable de haberlo conocido. Ella jamás volverá a ser la misma, por lo visto, pues va caminando de gracia en gracia por el camino siempre expectante y novedoso de la fe viva.

Sólo la misericordia divina es capaz de transformar al ser humano radicalmente, haciéndonos pasar del mundo de las tinieblas al mundo de la luz admirable de la gracia.

Lo experimentamos diariamente y de esto puede dar testimonio el sacerdote a través del Sacramento del Perdón, con razón llamado también “sacramento de la misericordia”.

A este propósito, contaba un pastor protestante que una vez buscando descansar un poco, visitó la Catedral y le llamó la atención que una joven lloraba amargamente, mientras era consolada por familiares o amigos. Al poco tiempo salió un sacerdote para confesar a la joven atribulada. Unos minutos después la penitente salió del confesionario con el rostro resplandeciente, muy sonriente, como totalmente liberada de una carga insoportable.

La misericordia de Dios se vale de muchos medios para atraer a las almas. Jesús dijo que Él atraería a todos cuando fuera levantado en la Cruz. El poder de la misericordia divina se revela particularmente en la debilidad de Dios, en la humildad de aquel que “siendo de condición divina no se aferró a su igualdad con Dios”, sino más bien se anonadó al hacerse hombre y morir por nosotros en una cruz. Sólo siendo humildes podremos experimentar la misericordia de Dios y únicamente conociendo vivencialmente dicha misericordia llegaremos a ser en realidad misericordiosos, profundamente humanos y profundamente cristianos con nuestros semejantes.

Muchos en este mundo desean ser Dios, ser como Dios o por lo menos parecerse a Dios. Jesús nos enseña la fórmula indispensable para parecernos al padre Celestial, y consiste en ser misericordiosos como el Padre es misericordioso.

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