La realidad cambia constantemente y con ella las cosas que se nombran. Y en ese proceso de renovación permanente unas cosas desaparecen definitivamente, otras son sustituidas, algunas se crean para responder a la realidad emergente y otras se renuevan. Es como un río impetuoso que muchas cosas se lleva en el torrente pero otras quedan allí, desafiando los embates.
La década de los ochenta significó un período de violentos cambios en la sociedad. Bien pronto se crearon estructuras para apoyar la producción como las UPE (Unidad de Producción Estatal), la atención a la salud como el SNUS (Sistema Nacional Único de Salud) y el abastecimiento de los alimentos básicos como el AFA (Abastecimiento de Arroz, Frijoles y Azúcar).
Muchos nombres de las cosas fueron radicalmente borrados y otros adquirieron un nuevo significado. Así, la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (Enaluf) se convirtió en el Instituto Nicaragüense de Energía (INE); la Guardia Nacional (GN) se extinguió y surgió el Ejército Popular Sandinista (EPS); se desmoronó la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) y se creó la Escuela Nacional de Adiestramiento Básico de Infantería (ENABI); la Policía Nacional (PN) dio paso a la Policía Sandinista (PS); el Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD) cambió por el de Teatro Popular Rubén Darío (TPRD), la Plaza de la República (PR) en Plaza de la Revolución (PR). Y así muchos nombres fueron signados con palabras de un profundo significado ideológico: “Revolución”, “Popular”, “Sandinista”.
Pero la sigla, como representación de un nombre (institución, organización, empresa, objeto, etc.), participa de los cambios que experimenta ese nombre. Así, en la misma década de los ochenta, algunas siglas cambiaron para representar el mismo organismo que se renovó en sus objetivos y contenidos. Por ejemplo: los NER (Núcleos de Educación Rural) pasaron a las ERET (Escuelas Rurales de Educación Trabajo); el INSS (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social) pasó a INSSBI (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y Bienestar). Y hasta se dio el caso singular de que la misma sigla como en las MILPAS (Milicias Populares Antisomocistas) conservara su forma pero variara diametralmente en su significado: Milicias Populares Antisandinistas.
Los albores de la década del noventa trajeron también sus propios ventarrones. Y nombres que parecían arraigados fueron borrados con apuro. Por eso, las primeras siglas que desaparecieron con el advenimiento del nuevo gobierno fueron precisamente las que se referían a organizaciones fuertemente ideologizadas como la DGSE (Dirección General de la Seguridad del Estado), los CDS (Comité de Defensa Sandinista) —que a finales de la década ya estaban derivando en una nueva forma organizativa—, y el SMP (Servicio Militar Patriótico), abolido a inicios de 1990.
Pero toda sociedad posee una estructura económico-social que se expresa en un específico nivel de desarrollo: una determinada instancia de productividad, una forma particular de distribución de los bienes, una manera especial de las relaciones productivas, una orientación ideológica característica. Y como las emergentes aspiraciones sociales entrañan nuevas ideas, proyectos, formas y estrategias de convivencia, hay que crear las estructuras para concretar esas aspiraciones. Así, la otrora RN (Resistencia Nicaragüense) tenía ahora su expresión política en un partido: PRN (Partido de la Resistencia Nicaragüense) y su expresión social en un consejo: CSRN (Consejo Superior de la Resistencia Nicaragüense); se creó una estructura de apoyo y verificación del proceso de pacificación y desarme: CIAV (Comisión Interamericana de Apoyo y Verificación).
Proliferaron las universidades: Unica (Universidad Católica), UAM (Universidad Americana), UCC (Universidad de Ciencias Comerciales), etc. Y los estudios superiores llegaron hasta la Costa del Caribe: BICU (Bluefields Indian and Caribbean University) y URACAN (Universidad de la Región Autónoma de la Costa Atlántica de Nicaragua). Y se crea el Cosup (Consejo Superior de Universidades Privadas).
Surgieron nuevos ministerios e institutos superiores con el MAS (Ministerio de Acción Social) y el Inatec (Instituto Nacional Tecnológico); se amplió la banca privada: Bancentro (Banco Centroamericano), Banexpo (Banco de Exportación), Banpro (Banco de la Producción), etc.), y se redujo otro tanto con la quiebra de Banades (Banco Nacional de Desarrollo), Interbank (Banco Intercontinental, S.A.) y Bancafe (Banco del Café).
Y la tecnología de la comunicación entró “de punta”: Nicacel (Telefonía Celular de Nicaragua), Nicatelsat (Compañía Nicaragüense de Telecomunicaciones por Satélite), etc.
Conclusiones
Los cambios que ha experimentado la sociedad nicaragüense a partir de los últimos años de la década del setenta hasta los primeros de la década del tercer milenio, van perfilando una realidad innovadora, que exige nuevas estructuras de acuerdo con las necesidades del cambio. Esas estructuras tienen sus nombres. Y para representar esos nombres allí están las siglas para agilizar nuestra comunicación en un mundo de rapidez y economía. Un somero análisis del uso de estas siglas nos permite derivar algunas conclusiones:
1. Las siglas menos estables son aquellas que representan nombres de organismos, instituciones o empresas matizados de contenido ideológico. Por eso, las primeras siglas que desaparecieron en los umbrales de la década de los ochenta fueron GN, EEBI y muchas otras relacionadas estrechamente con el gobierno desplazado del poder.
2. Muchas siglas corrieron la suerte de los organismos a los que representaban, simplemente porque dichos organismos dejaron de existir como las MOA (Milicias Obreras de Alfabetización) o los TEPCE (Talleres de Evaluación, Programación y Capacitación Educativa).
3. Las siglas permanecen igual cuando representan organismos estables por varias razones; por ejemplo, los relacionados con operaciones internacionales como la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la OPS (Organización Panamericana de la Salud); los de carácter privado como Ramac (Rappaccioli McGregor, S.A.); los estatales que por una u otra circunstancia no sufren reestructuración como Minsa (Ministerio de Salud), Telcor (Teléfonos y Correos de Nicaragua), Enabas (Empresa Nicaragüense de Abastecimiento Básico, etc.).
4. Los cambios y recambios de las siglas es un reflejo de los nombres de instituciones y empresas que experimentan reestructuraciones en sus metas y objetivos. El mejor ejemplo es el caso de Sinaforp (Sistema Nacional de Formación Profesional), que pasó a Inafor (Instituto Nacional de Formación), después a Sinacap (Sistema Nacional de Capacitación) y finalmente a INAP (Instituto Nacional de Administración Pública).
Y hay otros casos: el Micons (Ministerio de Construcción) pasó a MCT (Ministerio de Construcción y Transporte) y actualmente a MTI (Ministerio de Construcción e Infraestructura); el MED (Ministerio de Educación) pasó a MECD (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes) y actualmente a Mined (Ministerio de Educación); la ANIES (Asociación Nicaragüense de Instituciones de Educación Superior) pasó a CNES (Consejo Nacional de Educación Superior) y después a CNU (Consejo Nacional de Universidades).
Pero hay otras que asumen nuevas funciones como entes reguladores. Es el caso de INAA (Instituto Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados) e INE (Instituto Nicaragüense de Energía), para dar paso a instituciones afines con funciones particulares: Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados) y Enel (Empresa Nicaragüense de Electricidad).
2. En la formación de una sigla intervienen los más variados criterios. Ese procedimiento de unión o combinación de letras y palabras responde a aspectos relacionados con la forma, el contenido o con ambos. Los referidos al aspecto formal los encontramos en las siglas formadas por letras y sílabas, sin que nos digan nada, como Bagsa (Bolsa Agropecuaria de Nicaragua, S.A.) y Andiprofa (Asociación Nicaragüense de Distribuidores de Productos Farmacéuticos). Los procedimientos basados en el contenido tienen relación con el significado o el impacto que la sigla deja en el lector, como la que se forma con la combinación de letras y nombre completo al final: Enabus (Empresa Nacional de Buses), Conacafe (Comisión Nacional del Café) y Anprovida (Asociación Nacional de Promoción de la Vida). Y un tercer procedimiento en donde la sigla permite al lector inferir significativamente lo que representa: Cartonica (Cartonera Nicaragüense, S.A.), Profamilia (Programa de Atención a la Familia).
Pero el verdadero significado de una sigla se conoce investigando la función que realiza la organización, empresa, etc., a la cual representa. Porque Reptinic (Reptiles de Nicaragua) no es una sección (“serpentearia”, por ejemplo) de un zoológico en donde podemos admirar seguramente una variedad de reptiles, sino una fábrica de cueros, señalada recientemente de cometer delitos ambientales.