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El diccionario de uso del español en Nicaragua
Jorge Eduardo Arellano
El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Gracias al DUEN (Diccionario de Uso del Español de Nicaragua), ejecutado en 2000 por la Comisión de Lexicografía y Gramática de la Academia Nicaragüense de la Lengua, las voces “pinoleras” aumentaron en DRAE de 292 en la vigésima primera edición de 1992 a 1,012 en la vigésima segunda de 2001. Ahora un nuevo trabajo lexicográfio —obra de Francisco Arellano Oviedo con el apoyo institucional de nuestras egresadas y becarias de España— ha concluido y, sin duda, será aprovechado por el DAA (Diccionario Académico de Americanismos). Así lo esperamos.

Pero el DUEN, que se agotó muy pronto, fue concebido y elaborado siguiendo las orientaciones del DAA, de acuerdo con la siguiente macroestructura: Lo integran unos 2,000 nicaragüensismos. Sus elementos lematizados son: los de uso actual, p. ej.: babosada (“objeto sin valor” /2. “idea u opinión que no merece tomarse en cuenta” /3. “acción propia de un tonto”), bacanalero, -a (“parrandero”), badulaque (“persona poco juiciosa, de poco valor”), bajadero (“rampa”), bancada (“grupo parlamentario representante de un partido o una coalición”) y bandidencia (“travesura, zanganada, viveza”), por citar seis vocablos con b inicial.

Los anticuados que cuentan con el aval de un testimonio literario, p. ej.: chifurnia (“terreno con malezas, descuidado”, flitear (“echar flit, insecticida”), gorguera (“bueno, óptimo, de lujo”), húngaros (“gitanos”), melenca (“cualquier tabaco de mascar”), peinemicos (“tapas dentadas de una especie de ceibo que al frotar sus lomos producen un chasquido seco”) y tostoneros (“carreteros alquilados para tarea determinada”), recogidos por José Román (1906-1983) en su novela regional Cosmapa (1944), que ha tenido diez ediciones, tres de ellas en Buenos Aires.

Los también anticuados, cuyo aval es de carácter histórico. En este caso, se especifica el período, décadas o años correspondientes, p. ej., ayatólico (“prepotente”; derivado del líder político y religioso iraní Ayatola Komeini), compactación (“recorte de empleados u obreros en las organismos o empresas estatales”), y piricuaco (“apodo de los militares sandinistas”), comunes en la década de los ochenta; chibolear (“rechazar a uno como socio de un club, echándole bola negra”, en desuso desde 1979, cuando fueron clausurados los clubes sociales); timbucos (“apodo, entre 1840 y 1850, de los políticos conservadores, reconocidos por sus vientres abultados o timbas”) y zancudo (“diputado colaboracionista del gobierno de Luis A. Somoza, perteneciente al Partido Conservador, surgido en las elecciones de 1957”).

Se entiende por nicaragüensismos: lexías autóctonas de Nicaragua, derivadas a) de lenguas indígenas, especialmente del Náhuatl, como güipil (“blusa del traje típico femenino”), nacatamal (“alimento típico, envuelto en hojas de plátano, consistente en una masa de maíz con carne de cerdo y condimento”) y pipe (“hermano, amigo fraternal”); b) creados modernamente, como kupiakumi (“alianza política”); y c) derivadas de lenguas precolombinas de otras áreas americanas y cuyo uso es corriente en el país, p. ej.: las procedentes del Maya: chele (“dícese de la persona muy blanca y rubia”: 2. extranjero; 3. “referido al natural de los Estados Unidos”), cumba (“jícara grande o calabaza de boca ancha”), cususa (“aguardiente de fabricación casera; se hace del arroz, de la caña de azúcar y sobre todo del maíz”), garrobo (“saurio de fuerte piel escamosa, que abunda en las tierras cálidas”) y pocoyo (“ave nocturna inofensiva que se sitúa al borde de los caminos”). Igualmente, las que proceden del Quechua, como guarapo (“bebida fermentada hecha de residuos de caña”), guaro (“aguardiente, licor, ron”), iguana (“especie de saurio pequeño, cuyas carnes y huevos son apetecidos”), pipián (“planta de la familia de los cucurbitáceas, cuyo bejuco se desplaza en la tierra:/ 2. fruto de esta planta”) y tambo (“piso de madera colocado sobre marco también de madera que se usa en bodegas o construcciones próximas a mares y lagos”).

Palabras procedentes de otras culturas, tanto antiguas afronegrismos, p. ej.: candinga y mandinga (ambos denominaciones del Diablo), como modernas: anglicismos: breque (“dispositivo mecánico que sirve para detener la marcha de automotores y bicicletas; frenos”), colín (“tipo de machete pequeño”), dísel (“derivado del petróleo que se utiliza como combustible de motores”), greyfú (“cítrico, especie de toronja apetecida por sus propiedades medicinales”); galicismos: afiche (cartel), petipuá (guisantes); e italianismos: piñata (apropiación de bienes públicos y privados durante el ejercicio del poder político) y rosticería (establecimiento donde se asan y venden pollos).

Arcaísmos en España, pero no en Hispanoamérica y, particularmente, en Nicaragua como entenado (hijastro), guindar (colgar) y sondaleza (cordel, cuerda). Criollismos que no se dan en el español peninsular, como andanada (gran cantidad de algo), balacera (tiroteo), cocinero (fogón o cocina), lustrador (limpiabotas) y trompudo (persona que tiene la boca pronunciada; bocudo en la península). Palabras de origen español cuyo contenido semántico se ha modificado, p. ej: búfalo (excelente, óptimo) y vomitar (confesar, declarar un delito).

En cuanto a las unidades léxicas o voces seleccionadas, son las siguientes: las de gran frecuencia y extensión máximas, o sea, en casi todo el país; mejor dicho usadas en las zonas del Pacífico, Norte y Central, excepto en la Costa Atlántica, o ex departamento de Zelaya, dividida política y administrativamente —a partir de 1988— en RAAN: Región Autónoma del Atlántico Norte y RAAS: Región Autónoma del Atlántico Sur. Las restringidas a las tres últimas zonas, oportunamente abreviadas, a saber: Costa Atlántica (CANic), como crique (riachuelo), sontín (filtro amoroso que dan las mujeres a los hombres) y suampo (pantano); Norte (NoNic), que integran los departamentos de Madriz, Nueva Segovia, Estelí, Jinotega y Matagalpa, p. ej: pocicle (especie de helado) y chingoleta (coqueta) y Central (CTNic), que corresponde a los departamentos de Chontales y Boaco, p. ej: choto (color rojizo del ganado) y rejo (mecate corto que se utiliza para amarrar el ternero mientras se ordeña la vaca).

Las restringidas, aún más, a las regiones históricas del Pacífico, conocidas como Occidente (OCNic) —los departamentos de León y Chinandega—, p. ej: chilasta (gusano peludo y quemador; plaga de los cultivos tiernos) y Oriente (ORNic) —los departamentos de Masaya, Carazo, Granada y Rivas—, p. ej: machigüe (desperdicios que se recogen para alimentos de los cerdos).

Siendo un diccionario contrastivo, el DUEN es también restrictivo, ya que prescinde: de topónimos (nombres de lugares), de nombres propios e hipocorísticos y de siglas y acrónimos, excepto cuando éstos se han lexicalizado, p. ej: becat (vehículo automotor que utilizaba la Guarda Nacional con fines represivos, derivado del acrónimo: Brigada Especial Contra Actos Terroristas), y cepeefe (derivado de las iniciales CPF: Cuerpo de Protección Física, establecido en la década de los ochenta).

Asimismo, prescinde de refranes, locuciones o frases verbales p. ej.: No hay que darle gusto al diablo (que se usa cuando a uno se le cae al suelo algún alimento y, en vez, de desecharlo, lo recoge para comerlo). Otras propuestas de la macroestructura del DDA, adoptadas por el DUEN, son las siguientes: Los derivados nominales (diminutivos, aumentativos, superlativos y despectivos), más los verbales (participios pasivos) no tienen entradas independientes, a menos los que han alcanzado un significado particular, p. ej.: cariñito (regalo, obsequio), vergazo (golpe), pijudo (bueno, excelente), cachivache (objeto personal cuyo valor es negado por otra persona), y cachimbeado (se dice de la persona que ha recibido una paliza; 2. cansado por efecto del trabajo).

Los sustantivos se lematizan según su forma masculino singular, p. ej.: aire (neuritis, cuya lesión en nervio pude ser leve o profunda) y femenino singular, p. ej.: bolina (situación de algarabía y desorden ocasionada por jóvenes para divertirse); los verbos por su infinitivo, p. ej.: abanicar (en el juego de beisbol, no darle a la pelota después de intentarlo con fuerza) y abracar (ceñir con los brazos).

La macroestructura registra tanto los gentilicios etimológicos (boaqueño, chinandegano, leonés, granadino, nicaragüense, masaya) y sus modificaciones (nica, tico), como los apodos colectivos: catracho, -a: “término con el que los centroamericanos designan a los hondureños” y pinolero, -a: “término con el que se designa a los nicaragüenses por su hábito de ingerir pinol”.

Los lemas han sido ordenados alfabéticamente de acuerdo con las disposiciones aprobadas en el X Congreso de Academias de la Lengua Española (mayo, 1995) a propósito de los dígrafos ch y ll. Las entradas van en letra negrita y minúsculas, seguidas de punto.

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