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Noticias >> Economía
El sistema de Interconexión Eléctrica dará paso a un mercado regional en que las empresas podrán vender y comprar energía sin importar su ubicación geográfica. (FOTOS: LA PRENSA/AMERICA ECONOMIA/VINICIO SANTIAGO)
EL ISTMO SE CONECTA
Para impulsar sus economías, Centroamérica construirá autopistas de concreto, de energía y de información
Andrea Tunarosa
Ciudad de Guatemala

Que la unión aduanera siga siendo una tarea pendiente en Centroamérica no significa que los países del istmo no busquen otras formas de conectarse. De hecho, en julio del 2006 arrancó la construcción de la línea de transmisión eléctrica que unirá a toda la región, desde Panamá hasta Guatemala. El evento no fue poca cosa. No sólo por las dimensiones del proyecto —una inversión de US$ 385 millones y más de 1,800 kilómetros—, sino porque supone un avance contundente del Plan Puebla Panamá (PPP). De ahí que entre los invitados de honor estuviera el principal promotor de esta estrategia, el ex presidente de México Vicente Fox. Por fin, Mesoamérica estaría unida por algo más que buenas intenciones.

El Sistema de Interconexión Eléctrica (Siepac) es uno de los megaproyectos de infraestructura diseñados para impulsar la competitividad de Centroamérica. En la lista también figuran la Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas (Ricam), la Autopista Mesoamericana de la Información (AMI) y el Programa de Integración Energético Mesoamericano (PIEM). En el corazón de estas iniciativas aparece siempre el comercio como elemento catalizador. “Mientras el motor más fuerte para las economías siga siendo EE.UU., los proyectos regionales de infraestructura deberán buscar una mayor eficiencia en la exportación al mercado estadounidense”, explica Marcelo Antinori, coordinador del PPP en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El caso del Siepac refleja también un cambio de paradigma: de los acuerdos bilaterales entre países limítrofes se pasó a la creación de un mercado eléctrico regional que abrirá las puertas a una nueva forma de competencia. Las distintas empresas podrán vender y comprar energía sin importar su ubicación, aprovechando las economías de escala y mejorando el abastecimiento. La ganancia en eficiencia es indiscutible, tanto en lo económico como en lo medioambiental. “Antes no tenía sentido construir una planta regional, porque los excedentes no se podían vender”, explica José Martínez, gerente general de la Empresa Propietaria de la Línea de Transmisión Eléctrica (EPR). “Además, al estar interconectados, la central que arranca siempre es la óptima —por ejemplo, una hidráulica o una eólica—, genera energía más barata y no emite dióxido de carbono”. El proyecto AMI aprovechará la infraestructura del Siepac para crear una red de fibra óptica que reduzca la “brecha digital” entre los países. Una especie de “carrier de carriers” que podría ampliar el acceso a las tecnologías de la información.

Según Carlos Colom, gerente general del Instituto Nacional de Electrificación (Inde), la idea es que México se sume al Siepac, mediante una línea de interconexión con Guatemala de 102 kilómetros inaugurada en junio del 2006. Esta iniciativa supone el acceso a un mercado ocho veces más grande que el centroamericano. Paralelamente, se han hecho estudios para determinar la viabilidad de una línea de interconexión entre Panamá y Colombia. “En el largo plazo, Centroamérica podría convertirse incluso en un exportador neto de electricidad”, señala Colom. Este potencial ha despertado interés en desarrollar fuentes renovables de energía, con especial atención en las plantas hidroeléctricas y geotérmicas. Un fenómeno que, a su vez, podría propiciar el desarrollo de un mercado de gas natural en la región.

No obstante, se necesita mucho más que entusiasmo para acelerar la marcha del PPP. Un informe del programa indica que sólo el 6 por ciento de los proyectos ha sido finalizado después de cinco años del lanzamiento del plan. De ese porcentaje, ninguno pertenece a las iniciativas de transporte y telecomunicaciones, áreas en las que, además, hace falta conseguir más del 50 por ciento del financiamiento. Otro proyecto que se anunció con bombos y platillos, la construcción de una refinería mesoamericana por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex), sigue en la incertidumbre. Principalmente porque no hay certeza de que los países se comprometerán a consumir su producción de gasolina.

Desde esta perspectiva, el avance de la interconexión eléctrica regional no deja de sorprender. Para Martínez, de la EPR, la clave ha sido la organización. Ocho compañías de electricidad de Centroamérica, junto con la española Endesa y la colombiana Isa, conformaron una empresa propietaria de la línea y que tiene a su cargo la construcción y explotación del sistema. “El carácter de empresa privada permite una mayor agilidad en la toma de decisiones”, explica Martínez. Además se creó la Comisión Reguladora de la Interconexión Eléctrica Regional (CRIE), encargada de diseñar las normas de trabajo, y el Ente Operador Regional (EOR), responsable de la operación del mercado eléctrico.

Pero si lo que se busca es eliminar las barreras al comercio, los proyectos de transporte deberán avanzar a la misma velocidad. Para Paul Kent, vicepresidente de planeación económica e infraestructura de la firma Nathan Associates, con sede en Virginia, cuando se trata de competir en el ámbito global, el mayor obstáculo del istmo son los sistemas de logística e infraestructura. Un ejemplo es Limón, en el Atlántico costarricense. Un estudio de Kent reveló que las ineficiencias logísticas de este puerto le cuestan al país un 0.5 por ciento del PIB, lo que equivale a US$76.5 millones anuales.

En cuanto a la interconexión terrestre, los países están enfocándose en corredores binacionales que reduzcan el tiempo de transporte. El proyecto Ricam propone la construcción y rehabilitación de más de 4,000 kilómetros de carreteras, un 35 por ciento de los cuales está en ejecución. La idea es propiciar el desarrollo de un canal seco, o una red de autopistas que faciliten la conexión de los principales puertos. Entre los proyectos que han arrancado está el tramo que unirá Puerto Cortés, en el Caribe hondureño, con el puerto de La Unión, en El Salvador. Y Puerto Barrios, en el Caribe guatemalteco, con Corinto y Henecán, en el Pacífico nicaragüense y hondureño, respectivamente.

Según Antinori, del BID, lo que frena el desarrollo es la falta de institucionalidad. “Centroamérica siempre fue rápida en crear instituciones, pero no muy activa en fortalecerlas”, explica. “Y un proceso de integración de infraestructura no puede depender de planes ad hoc”. Ahí está el reto. “Conforme se fortalezca la institucionalidad regional, las iniciativas como el PPP serán menos importantes”. Otros son aún más escépticos. El analista político Francisco Beltranena opina que “el PPP nació muerto”. De ahí que muchos de sus proyectos estén estancados. “Primero, la identificación cultural entre los países de la llamada región mesoamericana es nula; y segundo, en la medida en que el tratado de libre comercio con EE.UU. continúe dando beneficios a México será menos productivo volver sus ojos hacia el sur”.

Pero con o sin PPP, los países por fin están entendiendo que la visión regional —especialmente en infraestructura— es clave para competir. Una visión similar a la que Simón Bolívar planteó hace 192 años en su Carta de Jamaica: “Los Estados del Istmo de Panamá hasta Guatemala formarán quizás una asociación. Esta magnífica posición entre los dos grandes mares podrá ser con el tiempo el emporio del universo. Sus canales acortarán las distancias del mundo; estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo. ¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la capital de la tierra, como pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio!”

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