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Hombre del pueblo. Lula da Silva visitó ayer a los obreros de la fábrica de automóviles de Ford en Sao Bernardo do Campo, un bastión tradicional del PT y del ex líder sindical. (LA PRENSA/AFP/Mauricio Lima)
El PT: de ángel a demonio
Partido de Lula sacudido por escándalos
Vivian Sequera
BRASILIA/AP

Era considerado un ángel, pero cuatro años en el gobierno parecen haber dejado al Partido de los Trabajadores (PT) como otro de los demonios de la política brasileña.

El partido, que se formó en 1980 en base a un puñado de católicos de izquierda, sindicalistas, ex comunistas y marxistas y que en 2002, con Luiz Inácio Lula da Silva a la cabeza, finalmente alcanzó el gobierno, vio su imagen de grupo ético distinto a los demás, como lo decían sus voceros, hecha añicos a partir de denuncias de corrupción.

Y no fueron ni una ni dos denuncias. Fue un torrente que arrancó en febrero del 2004 y, con intervalos, se extendió hasta hace una semana. Los casos, enredadas tramas en las que salieron a relucir desde hombres detenidos con cientos de dólares ocultos en su ropa interior, hasta fiestas con prostitutas, no han sido totalmente aclarados por las autoridades judiciales e involucran algunas veces, no sólo al PT sino a muchos otros partidos.

Pero esa nube de dudas y preguntas aún sin responder no salva al PT —con unos 800,000 militantes inscritos en todo el país— de ser acusado por sus encarnizados opositores y hasta por ex militantes de ser una banda de criminales.

Lula, quien desde hace meses se desmarcó de su partido en los programas de la campaña electoral, dijo en una entrevista con la cadena televisiva Récord que él estaba determinado a que las investigaciones de cada episodio llegaran al final y hubiera castigo duélale a quien le duela.

“Con todo, al PT no le salió tan mal. En 20 años llegó al poder y seguirá en él”, dijo en conversación telefónica Henrique Castro, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Brasilia, refiriéndose a que a pesar de ser un partido joven y las denuncias, Lula mantiene el favoritismo para ganar los comicios el domingo.

“El proyecto del partido era llegar al poder. Eso lo alcanzó, pero llegaron con mucha sed, mucha voracidad, creyeron que tenían la fuerza absoluta y se equivocaron”, agregó.

Sin experiencia en el ejercicio del gobierno y sin el manejo total de las miles de sutilezas de la política brasileña y sus conocidas corruptelas, el PT comenzó en febrero del 2004 a ver cómo su imagen se empañaba cuando un asesor del entonces ministro jefe de gabinete, José Dirceu, fue acusado de negociar sobornos con jefes de los juegos ilegales de apuestas.

Dirceu destituyó al asesor y resistió los embates de la oposición por casi un año. Pero en junio del 2005, acusado por un ex aliado político de ser el arquitecto de un esquema de pago de sobornos mensuales en el Congreso para garantizar el apoyo legislativo a proyectos oficiales, Dirceu fue sustituido del cargo y más tarde sometido a juicio político en el Congreso y expulsado de la Cámara de Diputados.

De ahí, la hemorragia no cesó y Lula fue perdiendo a todos sus más viejos y cercanos colaboradores. Incluso perdió fieles miembros del PT, que en medio del escándalo de los sobornos en 2005, cambiaron de partido.

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