El Senado estadounidense inició este viernes la cuenta regresiva para aprobar definitivamente en las próximas horas la construcción de un muro fronterizo de 1,200 km en la frontera con México, antes del inicio del receso por las elecciones legislativas de noviembre.
“El Senado tiene plazo hasta las 03H00 del sábado (02H00 del sábado en Managua) para votar sobre el proyecto del muro, aunque puede adelantar la votación en cualquier momento”, explicó Noé García, portavoz de Bill Frist, jefe de la mayoría republicana en la Cámara Alta, a la AFP.
Los senadores dieron el jueves un paso importante hacia la aprobación del polémico proyecto —severamente criticado por el gobierno mexicano— al aceptar por 71 votos contra apenas 28 acelerar el proceso de votación, limitando las enmiendas y el debate para cerrar el tema en un plazo de 30 horas.
La amplia mayoría lograda en esa votación, que contó con el apoyo de 18 demócratas, deja suponer que el Senado daría anoche la aprobación definitiva a la construcción de la valla (que cubriría la tercera parte de la frontera terrestre con México) ya que la Cámara de Representantes aceptó el mismo proyecto de ley hace dos semanas.
Además de la construcción del muro, la ley establece controles a lo largo de las fronteras terrestres y marítimas de Estados Unidos mediante agentes de la patrulla fronteriza y tecnología que incluye el uso de satélites, cámaras y aviones sin piloto.
Si el Senado ratifica el texto, el muro se convertirá en el único elemento de la reforma migratoria en ser aprobado por el Congreso tras casi un año de áspero debate sobre la forma de controlar la llegada de inmigrantes y qué hacer con los casi 12 millones de indocumentados que ya están en el país.
La financiación de la construcción, en cambio, todavía no está resuelta, como explicó Cecilia Muñoz, vicepresidente del Consejo Nacional de la Raza (NCLR), la mayor organización hispana del país: “La ley autoriza la construcción de la valla, pero no atribuye fondos”, explicó.
La Cámara de Representantes, bajo el liderazgo de los congresistas más radicales del Partido Republicano como James Sensenbrenner (Wisconsin, norte), aprobó en diciembre una polémica ley de inmigración que sólo incluía medidas represivas y cuyo proyecto emblemático era la construcción del muro fronterizo.
Seis meses después, el Senado votó a favor de un texto muy diferente que dejó en 600 km el proyecto de valla y añadió sobre todo un camino para regularizar a millones de indocumentados mediante un programa de trabajo temporal, como exigía el presidente George W. Bush.
Los representantes republicanos se opusieron al proyecto del Senado argumentando que la regularización significaría una amnistía general, e impidieron un acuerdo en el grupo parlamentario de conciliación.