Hace ya varios años la Compañía Teatro Danza Desequilibrio anda aunando sus voluntades y su talento para crear obras donde se conjuguen armoniosamente la danza y la actuación.
No siempre el intento ha sido válido. En otras ocasiones hemos podido apreciar que el engarce entre una y otra manifestación no cuajaba con el éxito necesario.
Esta vez en su obra Con Aliento de Luna, el empeño anda ya cercano al éxito, aunque aún deben seguir puliendo algunas aristas que atentan contra la diáfana precisión que requiere este difícil concepto artístico, que demanda aptitudes y habilidades no sólo danzarias, sino de voz y dicción.
El sentido de la puesta es un sondeo a lo interno de grandes figuras femeninas de talla universal: Frida Kahlo, Isadora Duncan y Virginia Wolf, interpretadas por Katia Jiménez, Hazel González y Ligia Luna.
Esta idea se vincula a través de una mujer contemporánea que trata de conciliar sus afanes profesionales con su esencia femenina. Este personaje lo ejecuta Oyanka Cabezas, quien posee una hermosa figura, de extremidades estilizadas, que pudiera explotar con más éxito en las secuencias donde hace los estiramientos a los lados, además de la modulación de la voz, donde no siempre hay una proyección adecuada.
El personaje de Frida ofrece una bella imagen plástica cuando aparece frente a un espejo que transfigura sus autorretratos. Durante varios minutos la actriz que la representa nos ofrece un torso desnudo atrapado entre varillas y vendas. Hasta ahí su desempeño es acertado, sin embargo Katia se desluce en la escena final donde danzan todas las mujeres juntas, pues no sincroniza sus movimientos ni logra dar los giros, los saltos y desplazamientos con la elegancia y precisión que sí nos ofrecen Ligia, Hazel y Oyanka.
Hay una buena selección de los textos y la música, pero a veces las canciones y melodías irrumpen de una forma abrupta, como forzada, en vez de fluir como un todo orgánico. Son los escollos de este tipo de trabajo donde se funden danza y teatro.
El vestuario es etéreo e ilustrativo de los personajes. Hazel usa con acierto un velo rojo que desgrana mientras musita una y otra vez un monólogo. La caracterización inicial de las mujeres árboles no queda muy explícita dentro del contexto argumental de la puesta.
Pero éstos son aspectos que pueden irse perfeccionando. Gloria Bacon, como directora artística y Ligia Luna están diciendo cosas nuevas, con calidad y sensibilidad. El público acogió con mucha receptividad la obra que al final ofrece múltiples recursos al unísono, para golpear todos los sentidos a la vez: música, fotos, mujeres bailando, juegos de luces.
FUNCIONES PARALELAS
Como parte del XII Festival Internacional se realizaron dos funciones en el parque Las Palmas. Esta vez fueron el Grupo CHA de Managua con Dulces, Dulces Ra, Ra, Ra, dirigido por Els van Popel. Una obra de intención didáctica sobre la limpieza y la higiene bucal. Con un sentido pedagógico para los niños fundamentalmente, pues hay mucho color, todo muy dinámico, con una gran boca como escenografía.
También se presentó el grupo de teatro Quigina de la Universidad Agraria (UNA), integrado por jóvenes universitarios, dirigidos por el actor René Medina. La Jungla fue la puesta escogida por ellos, para transmitirnos el tema de los límites entre lo animalesco y lo humano.