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El peñasco del camino
Migdonio Blandón B.
El autor es empresario

Es cierto que Su Eminencia, el cardenal Obando, por su apostolado sacerdotal tiene que recibir a toda clase de personas; pero es penoso que dado a su personalidad, sujetos amorales lo manipulen utilizando su prestigiosa posición como estrategia demostrativa de contar con su respaldo en su campaña para, por todos los medios, saciar su desmedida y enfermiza ambición de alcanzar el poder absoluto.

Sin la intención de emitir un juicio personal, que sólo a Dios y a su conciencia pertenece, podría decirse y así se rumora que de cierta manera está apadrinando la campaña política de Daniel Ortega, ya que en distintas ocasiones públicamente se le ha visto con él; y últimamente en la foto de LA PRENSA en que Ortega y Talavera le muestran el pacto vergonzoso con el que mancillaron nuestra Bandera Nacional.

Pareciera también que su nueva parábola fuera un respaldo. En ella trata lo referente a la peña caída accidentalmente en el medio del camino obstruyendo el paso a varias personas, las que pudieron pasar hasta que uniendo sus fuerzas lograron apartarla; y concluye con la moraleja de que: “La unión hace la fuerza”. Puede sí decirse, que dicha parábola es aplicable no sólo en el falso lema de la unidad que proclama el frentismo.

La ciudadanía consciente que ha vivido varias décadas en este bendito y maravilloso país, puede ratificar conmigo que desde los años ochenta en que el fatídico “peñasco humano” que representa el inveterado líder del frentismo, de manera abrupta cayó en el camino del progreso, ha sido el perenne obstáculo al avance socioeconómico del país, por lo que tal lema de unidad y reconciliación, además de falaz es de mal augurio.

Es de absoluta valía que la unión hace la fuerza. Por lo que sería meritorio que todos los que sin prebendas ni interés pecuniario respetamos y queremos en verdad a nuestra Patria, al margen de sectarismos y de colores políticos, con el debido respeto a nuestras leyes y bajo el azul y blanco de nuestra bandera, cívicamente unidos, logremos apartar para siempre el dañino peñasco aparentemente fortalecido con pactos sucios.

Es preocupante ver que personas de cierta consideración vayan cayendo en la unidad de tal falacia, algunos incautamente engañados, otros vergonzosamente comprados. Pero, el colmo de la desfachatez es que el peñasco (entiéndase Ortega profanando la bandera patria) haya firmado un arreglo sobre ella con uno de sus clientes. Ya la había irrespetado usándola de bufanda y quién sabe para qué más e impune pisotea la ley.

Es preocupante también ver que tal peñasco ha obstruido la celebración de las Fiestas Patrias. A excepción de los desfiles estudiantiles, las palillonas y celebración oficial, en lo general pareciera que la población ha venido olvidando la hermosa costumbre de antaño de izar en cada casa la Bandera de la Patria. Pareciera también que buena parte del pueblo mayor ha caído en la amnesia olvidándose de la década perdida.

Pero, Dios infinitamente misericordioso, está librando al pueblo consciente de tal contagio. A pesar del extremado materialismo y la profusa propaganda, el vigor juvenil aspirando civismo está del lado de los que verdaderamente amamos a nuestra Patria. Así todos cívicamente unidos el próximo noviembre echaremos en definitiva al abismo al peligroso peñasco. Para ello Jesús y María son nuestros aliados.

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