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Jean Paul Gobel, Nuncio Apostólico en Nicaragua. (Fotos la prensa/M. García)
“El Papa no hizo nada malo”
Jean Paul Gobel, Nuncio Apostólico:
Una mención papal a un diálogo entre un emperador bizantino del siglo XIV y un erudito persa, causó una polémica mundial. ¿Qué pasó en realidad? El nuncio trata de explicarlo
Alberto L. Alemán Aguirre
info@laprensa.com.ni

Las reacciones airadas del mundo islámico son el resultado de una mala interpretación de las palabras del Papa Benedicto XVI, de un cita que empleó en un discurso académico que no tenía como propósito reflexionar sobre el Islam.

El nuncio apostólico Jean Paul Gobel sostiene que no hay razón para disculpas, porque “el Papa no ha hecho nada que no es correcto. Lo que él ha dicho ha sido mal interpretado”. Destacó que el pontífice ha lamentado las consecuencias posteriores.

El nuncio no es amante de dar entrevistas ni declaraciones. “No soy como otros diplomáticos que hablan mucho”, dice. No obstante accedió a dar una entrevista a LA PRENSA. En general fue amable antes, durante y después de la conversación, pero en determinado momento, quizás temiendo más preguntas difíciles — el privilegio del periodista—, la interrumpió abruptamente. Luego accedió a contestar una pregunta más en este breve encuentro de unos 20 minutos, transcurrido el sábado pasado en la sede de la Nunciatura, al sur de Managua.

Monseñor: ¿afirmaría usted que todo este escándalo se debe a una simplificación excesiva al tomarse una cita de una disertación teológica bastante larga?

La cita misma es breve. El cuerpo del discurso no trata del Islam; usted tiene el texto, lo puede analizar. Es un texto filosófico-teológico sobre, esencialmente, las relaciones entre la fe y la razón. En ocasión de esta exposición que hizo el Papa — no fue el único en hablar—, exponía sobre el tema, y entonces en ocasión de este tema “fe y razón”, citó el Papa una controversia —pero “controversia” significa “coloquio”—, entre un emperador de Constantinopla y un sabio islámico, me parece de Persia, en el cual se tocó el tema de la violencia. Lo que dijo el Papa es sencillamente una cita.

Realmente si todas las personas que se escandalizaron por lo que dijo el Papa, hubieran leído el texto, sin referirse a noticias de (los medios), habrían comprendido que no había nada que criticar, pues.

Se trataba de un diálogo entre intelectuales, siendo (que) uno de ellos, el Papa, ha citado un texto que tiene más de 600 años.

Sí, eso es. Benedicto XVI ha dicho que lamenta las consecuencias, dijo que estaba afligido, que nunca quiso ofender. ¿Fueron disculpas?

Bueno, hombre, uno se disculpa cuando ha hecho algo que no es correcto, el Papa no ha hecho nada que no es correcto. Lo que él ha dicho ha sido mal interpretado. Así que él explicó su posición, lamentó las consecuencias de la mala interpretación. Pero yo no creo que alguien se pueda disculpar de algo que no hecho.

¿Qué consecuencias puede tener todo esto en el diálogo interreligioso con otras confesiones?

Bueno, usted es periodista y sabe muy bien que la situación internacional es muy tensa, especialmente en Medio Oriente; pienso en Líbano, pienso en Irak. Pienso en estas zonas que son esencialmente musulmanas. Cuando la situación es muy complicada, cualquier pequeña cosa puede ser un catalizador de deflagraciones.

En relación a la posición de la Iglesia en cuanto a las relaciones Islam-Catolicismo, últimamente el nuevo Secretario de Estado, el cardenal (Tarcisio) Bertone, ha publicado una declaración, un comunicado, sobre las reacciones islámicas al discurso pronunciado por Benedicto XVI en Ratisbona.

En una primera parte, el cardenal Bertone recuerda que la posición del Papa sobre el Islam es la que ha sido expresada por el Concilio Vaticano II.

Cito (el nuncio Gobel lee el texto oficial): “La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma, como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos lo hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno”.

La opción del Papa a favor del diálogo interreligioso e intercultural es también inequívoca. En Colonia (Alemania), en 2005, dijo que este diálogo entre cristianos y musulmanes “no puede reducirse a una opción temporal”, añadiendo: “Las lecciones del pasado tienen que servirnos para evitar que se repitan los mismo errores. Queremos buscar los caminos de la reconciliación y aprender a vivir respetando la identidad del otro”.

En cuanto a la cita del emperador bizantino Manuel II Paleólogo —continúa Gobel— el Santo Padre no pretendía ni pretende de ningún modo asumirlo, sólo lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar en un contexto académico (...) y concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda (...).

Por tanto, el Santo Padre está profundamente apenado por el hecho de que algunos pasajes de su discurso hayan podido parecer ofensivos para la sensibilidad de creyentes musulmanes y hayan sido interpretados de una manera que no corresponde de (ningún modo) a sus intenciones.

Eso responde a su pregunta. No hay en este discurso nada de esta interpretación, así que repito, uno no se disculpa por algo que no ha hecho.

¿La Iglesia Católica está completamente opuesta a la noción de la “yijad”, o guerra santa, como se usa en el Islam?

Mira, también eso es una interpretación que usted hace. Porque si usted consulta a los expertos musulmanes, tiene para muchos (...) en contra, ehmm ... Es lo que nosotros hablamos cuando hablamos de conversión, de la guerra santa que libra cada uno de nosotros para conformar su vida a lo que su fe implica.

Así que no podemos dar a la palabra “yijad” un sentido que ni siquiera los musulmanes le dan.

Sería ya una interpretación que no podemos hacer. Siendo la “yijad” una palabra de la teología musulmana, pertenece a ellos, hacerlo. No se puede pedir a un ateo hacer una definición de la gracia de Dios. Es asunto nuestro. Y no me permito yo interpretar la teología musulmana.

Algunos vaticanistas fueron críticos con el Papa, señalan que utiliza un enfoque muy diferente al que usaba Juan Pablo II en el diálogo interreligioso.

No es eso, no es eso. Cuando usted habla en una cátedra de la universidad, no habla de la misma manera que en un diálogo con cierto sector de la población. Cada circunstancia necesita una cierta técnica oratoria particular.

Cuando usted hace un artículo para LA PRENSA, no lo hace en el mismo estilo que como hace un libro. Lo que ha dicho el Papa ha sido dicho en una conferencia con otros intelectuales.

No es una crítica a los medios, pero es cierto que no pueden hablar como un profesor de universidad, y hay peligro cuando se pasa un texto universitario a la publicación para un gran público y hay posibilidad de que pase lo que pasó.

Le agradezco la visita, no creo que puedo decir más de lo que pasó, lamentable que el Papa haya creado incomprensiones, mala interpretaciones. De parte nuestra estamos decididos a seguir desarrollando buenas relaciones con el mundo islámico para el bien de todos.

Muchas gracias, pues, por su entrevista.

Sólo quería hacer una pregunta más sobre los viajes del Papa. Benedicto XVI no concede la misma importancia a viajar frecuentemente como lo hacía Juan Pablo II.

Creo que para los Papas vale lo que vale para otras personas como jefe de Estado. Lo peor sería tratar de intentar imitar a otra persona. Uno tiene que ser uno mismo; quien quiere imitar a otra persona, acaba haciendo el ridículo.

Así que Juan Pablo II tenía su historia, su estilo personal, su carisma, y Benedicto XVI tiene otra trayectoria, otro estilo personal. Eso se sabía desde le principio. Juan Pablo II ha sido muy diferente de Pablo VI.

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