Debemos recordarnos por qué estamos en esta lucha contra el terrorismo. No es, y nunca ha sido, una guerra contra el Islam; es una lucha contra el extremismo, contra el terror, contra la intolerancia.
Nuestra lucha es contra quienes no aceptan los valores de nuestra humanidad compartida; de nuestro entendimiento común de los derechos a la vida, la igualdad, la justicia y las oportunidades. Los principios de dedicación a la familia y a la sociedad, a la fe y a las buenas obras no se restringen al Islam; son los valores del Reino Unido, valores que defendemos.
Entonces, ¿cuáles son los valores por los que luchamos? Mis amigos musulmanes me dicen que el Corán mismo establece una serie de derechos a los que podemos apelar. Como lo entiendo, el Corán nos garantiza, entre otras cosas: el derecho a la vida, el derecho al respeto y la igualdad, el derecho a la justicia, el derecho a la libertad, el derecho de adquirir conocimientos, el derecho de trabajar, el derecho a las necesidades básicas, el derecho a la privacidad.
Pero el problema es que, con mucha frecuencia, la percepción pública de la fe islámica ha sido secuestrada por quienes toman esta pacífica y compasiva religión, la tuercen y distorsionan para servir a sus fines violentos.
Pongamos una cosa bien en claro: entre los valores de los terroristas no existen la democracia ni la justicia. No existen los valores de igualdad, justicia ni oportunidad para todos, y tampoco hay una visión de una sociedad pacífica con los no-musulmanes. Bin Laden y sus seguidores representan la antítesis de lo que la gente decente ha luchado por proteger; los derechos de los pobres, los derechos de las mujeres y el derecho a la justicia.
No creo que estos terroristas puedan ser musulmanes en el verdadero sentido de la palabra; son militantes que buscan alcanzar sus metas a través de las fuerzas del terror y la violencia; disfrazan su lenguaje con la retórica de las enseñanzas islámicas, pero se comportan de formas que contradicen los principios fundamentales de la fe islámica. Creen que Occidente representa el mal y que todos los valores modernos corrompen a los musulmanes, mientras que, de hecho, son ellos los perversos y despiadados que corrompen las mentes de los jóvenes musulmanes. Son ellos quienes buscan destruir la paz y la comprensión entre diferentes credos y grupos étnicos en el mundo.
A eso obedece la lucha contra el terrorismo. Es un conflicto de valores, no de religiones. Es un conflicto de valores islámicos contra valores arcaicos e intolerantes. Es una lucha en contra del extremismo, la intolerancia y el terror.
Además, a pesar de que proclaman que su guerra es una jihad en contra de los infieles, la mayoría de las víctimas de Al Qaeda han sido musulmanes. Sus ataques han asesinado a musulmanes inocentes en Indonesia, Turquía, Egipto, Jordania y Argelia. Y, naturalmente, los musulmanes muertos en Londres el año pasado.
Los terroristas están desplegando una guerra violenta e indiscriminada y no podemos simplemente esperar y reaccionar cuando hayan atacado. Todos debemos estar atentos y ayudar a prevenir cualquier atentado en el futuro. Y por eso todos debemos seguir alertas y tener la fortaleza de hablar.
Estos terroristas se empeñan en destruir nuestra solidaridad y crear divisiones donde no deberían existir. Así que la gente decente debe mostrar la misma determinación y astucia. Debemos demostrarles que somos una sociedad integrada y con cohesión. No debemos permitir que nos dividan. Los terroristas desean explotar a nuestros jóvenes, robar nuestros derechos y restringir nuestras libertades. Y no hay que cometer errores; ellos no tendrían misericordia; reemplazarían el derecho a la vida por el derecho a la vida sólo para su misma clase de musulmanes; reemplazarían el derecho a la igualdad por derechos sólo para hombres; reemplazarían el derecho a la justicia por interpretaciones extremas de las leyes hudud; regresarían los relojes de la historia; y depondrían a los gobiernos democráticos y legítimos. Y no dejarían de asesinar a musulmanes y no-musulmanes. Su visión no tiene un compromiso y en su mente no hay visos de paz entre musulmanes y no-musulmanes.
Ya se han acabado los días de esconder la cabeza en la arena. Los extremistas llegan con sus ideas llenas de odio, y empiezan por proscribir a las mujeres, intimidar a la corriente principal del islamismo y lavarles el cerebro a los jóvenes. Los terroristas hacen un mal uso de su visión pervertida del Islam, y nos convertirían en víctimas a todos.
Hay mucho trabajo que hacer en la lucha contra la amenaza del terrorismo. Pero de algo estoy seguro: no podemos hacerlo solos. La amenaza del terrorismo es una amenaza común para todos. Las bombas asesinas no discriminan entre jóvenes o ancianos, militares o civiles, hombres o mujeres, musulmanes, cristianos, judíos o personas sin una religión. El enemigo común que nos amenaza a todos puede ser confrontado y, a final de cuentas, vencido sólo con el esfuerzo común de todos en busca de un objetivo común.