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Adiós. Junichiro Koizumi ya dejó las oficinas de primer ministro para hacer campo a su sucesor y a su equipo. (LA PRENSA/AFP)
Mixto legado de Koizumi
Empujó con vigor, aunque no sin la molestia de sus vecinos, la búsqueda de un nuevo lugar para Japón en el mundo
Tokio/EFE y AFP

Los más de cinco años del primer ministro Junichiro Koizumi en el poder han abierto en Japón las puertas del nacionalismo, deteriorando la imagen de Tokio en Asia y han disparado el militarismo en un país que reclama un nuevo lugar bajo el sol. También inyectaron vigor a una economía aquejada por una larga recesión.

Koizumi puede dejar el Gobierno con la satisfacción de haber sacado a su país de la recesión económica y de conseguir las más altas cotas de apoyo a un primer ministro nipón en las últimas décadas.

Si bien Junichiro Koizumi, de 64 años, es el heredero de una vieja familia de políticos —es un diputado de la “tercera generación” del Partido Liberal Democrático— posee una personalidad “atípica”.

Nunca creó su propio “grupo” dentro del PLD y tiene pocos amigos en la Dieta (parlamento), donde fue electo diputado por primera vez en 1972 y reelecto en forma regular.

Los japoneses lo califican de “henjin” (persona extraña). También lo llaman “el lobo solitario” o el “sniper” (francotirador), dos apodos que muestran su diferencia en una sociedad que sigue siendo colectivista.

Hábil mediáticamente, no cabe duda de que se distingue por su aspecto, su larga melena, su mirada escrutadora en un rostro todavía juvenil y los gestos que acompañan una forma de hablar entrecortada. Es un hombre de pequeña estatura que ama los trajes de color claro y las corbatas multicolores (cuando las lleva).

Amante de Wagner, Elvis Presley y Morricone

Este divorciado y padre de tres hijos es un gran seductor enigmático que gusta a las mujeres, pero que se muestra sumamente discreto sobre su vida privada.

En cambio, jamás ocultó su pasión por las óperas (que llenan sus ojos de lágrimas), en especial las de Wagner, así como por Elvis Presley, Ennio Morricone y el “heavy metal” nipón.

En política es amigo del presidente norteamericano George W. Bush. Admira a Winston Churchill y a Margaret Thatcher.

Su falta de conformismo se expresó con sorpresivos nombramientos y destituciones de ministros que escandalizaron al mundo político nipón.

Llegó al poder en abril de 2001 prometiendo “pulverizar al PLD”, una promesa que cumplió parcialmente, desafiando en varias oportunidades a la jerarquía del partido. La última vez fue en septiembre de 2005, cuando impuso solo la privatización del Correo (la mayor institución financiera del mundo), “la reforma más importante desde la era Meiji”, según él mismo. Esa fue su hora de gloria.

Es un hábil estratega que jamás perdió una oportunidad de ser fotografiado con los grandes de este mundo y las estrellas de Hollywood.

Si bien es indudablemente de derecha, Junichiro Koizumi pertenece a la tendencia neoliberal del PLD, que carece de una política social bien definida, y no a su mayoría conservadora, lo que valió numerosos enemigos entre los miembros de la vieja guardia y las condenas de la prensa de izquierda.

Las visitas a Yasukuni

Pero también puede marcharse con el dudoso récord de haber recuperado para Japón los recelos de gran parte de los países de Asia que sufrieron en la primera mitad del siglo XX por la arrolladora maquinaria bélica del imperialismo nipón.

El todavía jefe del Ejecutivo puso de manifiesto ya al asumir el poder en abril del 2001 que no se amilanaría con las críticas procedentes, sobre todo, de Corea del Sur y China por sus visitas al santuario sintoísta de Yasukuni, que en el corazón de Tokio guarda la llama del militarismo japonés de antaño.

En Yasukuni se venera a 2.5 millones de japoneses muertos en combate en conflictos ocurridos entre 1853 y 1945, y a 14 criminales de guerra responsables de buena parte de las atrocidades cometidas por el ejército imperial nipón en la Segunda Guerra Mundial.

En estos cinco años y medio de mandato, Koizumi ha visitado seis veces Yasukuni y en cada ocasión ha levantado las iras de los países vecinos, que identifican esas visitas como un intento de negar las arbitrariedades y abusos cometidos por las fuerzas armadas niponas.

Esas visitas también han empañado las aspiraciones de Japón para convertirse en miembro permanente de Naciones Unidas.

Shinzo Abe, futuro primer ministro, ya ha indicado que cumplirá las tareas pendientes de Koizumi, entre ellas la reforma de la Constitución pacifista.

La Carta Magna, promulgada en 1947, prohíbe la participación de Japón en conflictos armados en el exterior, incluso en operaciones de paz.

Koizumi se saltó a la torera esa limitación constitucional y en 2004 envió medio millar de soldados a Irak, en apoyo de Estados Unidos, aunque en misión de reconstrucción y ayuda.

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