Después de recibir varios mensajes con respecto al tema de los errores ortográficos de los abogados, me percaté que puse el dedo en la llaga, porque el problema es más grande de lo que parece.
Agradezco los comentarios que aparecen en el Chat del Idioma. En otro momento volveré a la carga con este tema a ver si se genera una preocupación al respecto.
Hoy vengo con otro asunto. Los verbos oír y escuchar. Algunos piensan que significan lo mismo. Pues están equivocados. Se comete un error cuando usamos escuchar en lugar de oír. Estos verbos proceden del latín audire y auscultare, de ahí que tienen significados diferentes.
El DRAE dice que oír significa percibir con el oído los sonidos, mientras que escuchar es “aplicar el oído para oír, prestar atención a lo que se oye”.
Para oír no se necesita la voluntad, sin embargo, para escuchar es necesaria. Si una persona no quiere oír tendría que tapar sus orejas con algodones.
Todo lo contrario sucede si no se quiere escuchar, pues basta no prestar atención, pensar en otro asunto y es suficiente. Eso depende de la capacidad de concentración del afectado.
Cuántas veces en un aula, en una clase aburrida, aunque se oye la voz del profesor no escuchamos nada.
En ocasiones alguien habla por teléfono y dice: “No te escucho nada”. Si nos dicen eso nos están ofendiendo porque no quieren hablarnos. La forma correcta sería “no oigo”. No te escucho significa: “No me importa lo que dices”.
Escuchar se emplea mal si decimos: “El casete estaba malo y no se escuchaba nada”. “De pronto se escuchó un ruido estremecedor”.
En el primer caso aunque la persona quería escuchar, no pudo porque no se oía bien la grabación. En la segunda oración el ruido fue de momento, no se estaba preparado para escuchar, y sólo se oyó.
No son exquisiteces del idioma, así está registrado en los diccionarios. Estas palabras tienen su historia, su evolución, y no debemos menospreciarlas, por haraganería o por pereza intelectual.
Espero que escuchen bien este comentario, pues si sólo lo oyen me sentiría defraudada.