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“Salve a ti, Nicaragua”
Tatiana Argüello Vargas
La autora es Licenciada en Relaciones Internacionales

Llegaron las fiestas patrias, el aire se impregna de orgullo nacional, desfilan los colegios en el Estadio saludando a la bandera, se pasea la gente orgullosa con su escarapela en el pecho y gran parte de los ciudadanos tienen flameando la bandera blanquiazul en un mástil en sus casas.

Pero por encima de cualquier acción considerada por muchos como una muestra fehaciente de patriotismo o por el contrario un acto de fetichismo nacionalista, esta época puede hacernos cuestionar y reflexionar sobre el verdadero significado del patriotismo, de nuestro actuar como ciudadanos, lo que representa haber nacido en Nicaragua y la responsabilidad que se desprende de este hecho.

Tradicionalmente el patriotismo se presenta como el pensamiento que vincula al ser humano con su Patria, un sentimiento que tiene por la tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado por vínculos culturales, históricos y afectivos. Esta vinculación emotiva del individuo hace suponer que existe un deber, como una obligación con que la justicia nos interpela con respecto a la Patria, por lo mucho que nos ha dado, porque es la depositaria del bien común, e incluso es considerada por muchos pensadores como “una verdadera madre”.

Por mi parte, considero que el patriotismo inicia con lo que se llamó un ordo amoris —orden del amor— en el cual el amor y su ordenación (amarme a mí mismo, a los demás, a mi familia, a mi Patria, a la humanidad), crea un vínculo posible para unir las voluntades de hombres y mujeres, en este caso en pro del progreso de la Patria.

Partiendo de ese sentimiento de amor vinculativo (amar a la Patria es amarte a ti mismo), debemos reflexionar nuestro rol como agentes sociales y económicos para lograr ese fin común, la búsqueda del bienestar general de la Patria, la cual repercutirá en el bienestar particular de cada ciudadano (cada patriota) y ésta solamente se logrará por medio de un compromiso diario con el trabajo, un plan de trabajo definido (determinar las acciones que deben llevarse a cabo y los responsables de cada una de esas acciones), cumplir valores éticos elementales y sobre todo aceptar que la prosperidad nacional es deber de todos.

Muchos nos preguntaremos ¿cómo ser patriotas en un país que tiene problemas de toda índole? Hambre, analfabetismo, falta de vivienda, de trabajo, injusticia legal, entre otras lacras sociales y económicas. Pero en ello radica el patriotismo per se, ya que sólo observando a la Patria, a la nación con sus errores y deficiencias y al mismo tiempo buscando y proponiendo los medios para solventarlos, lograremos que el país no se hunda. Patriotismo es aportar crítica constructiva y empeño constante de superación y proponerse que Nicaragua salga de su atraso y logre una situación de desarrollo nacional, ese es un sentimiento de auténtico patriotismo. Decía Kennedy en 1961: “No te preguntes lo que tu Patria puede hacer por ti, pregúntate lo que tú puedes hacer por tu Patria”.

Asimismo, por más que uno pueda tener una actitud indiferente ante la Patria, la cual es conocida como asepsia, expresarse con estos términos: “me da igual” y otros tengan una visión más universal y romántica del mundo, considerándose ciudadanos del mundo, la Patria siempre tendrá un vínculo inalienable para el hombre, ya que éste no nace donde y cuando quiere, sino que está ligado a un tiempo y un espacio, a una familia y a una patria; y más que pertenecerle todo ello, es a todo ello a lo que se pertenece.

Deseo terminar mis apuntes sobre la importancia que constituye el patriotismo, no como un concepto abstracto que nos limita en levantar la bandera el 14 y 15 de septiembre o fingir que se canta un Himno Nacional, sino como una significación viva, viva en el empeño que ponemos diariamente con nuestro trabajo, con nuestra actitud de crítica constructiva en pro del beneficio de la Patria en la que el amor hacia el país siempre jugará un papel importante para realizar las acciones que contribuirán a su desarrollo. Por ello, hay que amar sin reservas y con ello dejo a la reflexión dos citas del filósofo-teólogo San Agustín y el poeta británico, Lord Byron respectivamente: “cada hombre es lo que ama” y “el que no ama su Patria no puede amar nada”.

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