El desfile en conmemoración de los 150 años de la Batalla de San Jacinto, y los 185 de la independencia de la Corona española, fue considerado como “bueno” por las autoridades del gobierno.
Tan bueno que pasará a la historia por su simpleza, pues todo fue supuestamente demasiado perfecto frente a la concha acústica de Managua.
Aunque estaba programado para durar ocho horas, al final solamente duró cuatro, porque los colegios estaban programados para pasar tan rápido como pudieran frente a la tribuna presidencial.
El único colegio que se tomó su tiempo fue el República de Argentina, pero ya estaba programado, pues por eso fue el último en desfilar con sus más de 200 integrantes, quienes tenían preparada una coreografía llamada “Protejamos nuestras etnias”, que arrancó con la canción Un gigante que despierta, de Luis Enrique Mejía Godoy.
Era después del mediodía. La vestimenta y coreografía de los primeros bailarines del Argentina fue alegórica a la costa Caribe nicaragüense, cayuco incluido. La segunda parte fue representada por palillonas vestidas de blanco, rojo y azul, que se organizaron en fila, se dejaron caer una a una como piezas de dominó y terminaron agachadas con pies y manos sobre tierra, moviendo sus caderas de atrás para delante.
Finalmente bailó un grupo disfrazado de barrenderos municipales. Fue el cierre perfecto para una actividad poco animada. El desánimo fue tal que la banda musical que estaba para acompañar a los colegios que desfilaron sin instrumentos, se fue antes de que transcurriera una hora.
Todo inició con la premiación a los mejores alumnos y maestros del país, así como los más destacados del programa Soy Uno, del Banco Uno.
MOMENTOS DE BOLAÑOS
Incluso el presidente Enrique Bolaños y los pocos ministros que lo acompañaron, sólo tuvo tres momentos de alteración.
El primero fue cuando dos niños del colegio Una Cita con Dios, subieron a la tarima para saludarlo y fotografiarse con él.
El segundo, cuando despidió a la primera dama, Lila T. Abaunza.
El tercero fue imprevisto. Un grupo de jovencitas del Colegio Esperanza Portocarrero bailaban sin parar, pero no arrebataban cariño, hasta que un palillón sin garrote llegó caminando feliz desde atrás. Todos los asistentes se levantaron a aplaudir, incluyendo al Presidente, que no volvió a hacerlo hasta el final.
Caso contrario ocurrió con la Academia de Policía, cuyo líder quedó esperando a que Bolaños le devolviera el saludo oficial, hasta que se aburrió y puso a sus cadetes a realizar “fantasías” con sus armas.
Con el centro de estudios Venezuela pudo pasar lo mismo, pero el Presidente le aplaudió antes de que sus representantes abandonaran su presentación.
EL DISCURSO
Antes de eso, el Presidente brindó su mensaje patrio, con casi una hora de retraso.
Bolaños aprovechó para “guiar” a los jóvenes a tomar una buena decisión al momento de votar en las elecciones del próximo 5 de noviembre.
Inició hablando en contra de la corrupción, pero pocos prestaban atención. Al final fue franco: “Es como escoger al mejor bateador emergente”, expresó.
Pero los escolares sólo pusieron atención cuando el Presidente hizo el llamado al Juramento a la Bandera Nacional, y debieron improvisar las filas que desde hacía tiempo habían roto.
Así, la mejor compañía del Presidente fue monseñor Leopoldo Brenes, que siempre estuvo ahí para escucharlo.
AMBIENTE PESADO
Si bien los colegios no fueron tan creativos con sus coreografías, algunos sobresalieron en la tarea de llamar la atención, ya sea con murales gigantescos, pirámides humanas o hasta con maquetas de algún proyecto.
Pero todo el esfuerzo fue mermado por la intensidad de los rayos del Sol y el bochorno del ambiente. Algunos alumnos se mostraron cansados incluso antes de pasar frente a la tribuna presidencial, especialmente los que utilizaban trajes típicos, uniformes extravagantes, zapatos delicados o botas impresionantes.
El cansancio fue tal, que los colegios esta vez no realizaron presentaciones “extras” al salir del área del desfile, pues sus alumnos salían directamente a buscar el vehículo que los transportaba.
Para este desfile, los escolares pasan varios meses practicando, y hay quienes no desayunan por la mañana en el día del desfile porque tienen que estar en horas de la madrugada en sus colegios. Luego pasan horas esperando que el acto inicie y más tiempo aún para tomar su turno.
Como producto de eso, la Cruz Roja Nicaragüense reportó diez desmayos por insolación. Además, atendieron a cuatro niños extraviados, pero que al final se reecontraron con sus padres. La Policía Nacional no reportó sucesos de gravedad.
Sin altercados mayores ni espectáculos sobresalientes, al desfile le faltó alegría.