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carlos Ortega es uno de los miles de hispanos que reconstruye Nueva Orleáns, tras ser devastada por Katrina. (LA PRENSA/AP/ Alex Brando )
Hispanos reparan daños de Katrina
Michael Kunzelman
BILOXI, Misisipí, EE.UU./ AP
Más demanda

Los problemas amenazan agravarse en los próximos meses en que miles de propietarios en Misisipí y Luisiana recibirán cientos de millones de dólares en subvenciones del gobierno para pagar la reconstrucción.

La escasez de mano de obra empleada en la ímproba tarea de reconstrucción de la zona devastada por el huracán Katrina, ha sido mitigada en parte por unos 100,000 trabajadores hispanos que llegaron a esta región después del desastre.

Pero una cuarta parte de los trabajadores en Nueva Orleáns son hispanos indocumentados, según un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Tulane y la Universidad de California en Berkeley.

El estudio también observa que el gobierno federal ha decidido no aplicar algunas leyes de inmigración, que facilita a los empleadores contratar a trabajadores indocumentados, aunque algunos se han resistido a hacerlo.

Alan Ramsay, un contratista de Misisipí que se especializa en renovar mansiones históricas, considera arriesgado contratar indocumentados, por motivos de responsabilidad legal.

Sin documentos no los puedo incluir en la nómina, dijo, y recordó que un jornalero indocumentado que contrató una vez sufrió un ataque epiléptico y cayó de bruces en un bloque de cemento fresco.

Aunque todo terminó bien, me recordó todo lo que puede salir mal, dijo Ramsay.

Desde junio, su cuadrilla de hasta seis trabajadores ha estado reparando un chalet en la playa de Pass Christian que Katrina arrancó de sus cimientos. Ya tiene contratos de trabajos por un año, pero el ritmo de ejecución es más lento de lo que esperaba.

Podría contratar a otros dos mañana mismo, dijo.

A pocos kilómetros al este de donde trabaja el equipo de Ramsay, Stanley Hoda dirige un grupo de trabajadores que instalan el encofrado de una casa junto al mar.

Katrina permitió que Hoda formara su propia compañía.

Para mí fue una bendición, dijo Hoda, quien asegura haber duplicado con creces sus ingresos. Sé que devastó a mucha gente, pero a mí me ayudó.

Entre sus cuatro trabajadores se encuentra Pierre Hawk, de 24 años, un novato en la construcción, que reside en Diberville, Misisipí. Antes del huracán ganaba 8.50 dólares la hora en un restaurante de comida rápida. Ahora, el padre de dos niños gana 11 dólares la hora.

Más dinero. De eso se trata, dijo Hawk. Es trabajo más duro, pero hay que hacer lo que sea necesario para llevar la comida a la mesa.

Simultáneamente, la necesidad de entrenar a miles de trabajadores de la construcción en la devastada zona del Golfo halló una alumna inesperada en Sandra Ramsay (sin parentesco con Alan), masajista y peinadora que trabaja por cuenta propia.

Al igual que muchos de sus vecinos, no pudo hallar un contratista para que le reparase su casa dañada por Katrina. Por eso, esta mujer de 55 años se inscribió en un curso acelerado de construcción de un mes patrocinado por el gobierno.

No solamente aprendió a reparar su casa-remolque de Long Beach, Misisipí, sino que ahora está suplementando sus ingresos regulares, instalando mampostería para otros dueños de casa.

Me gusta estar allí ayudando a la gente a reconstruir, afirmó. Y además, estoy ganando dinero.

Como todavía quedan decenas de miles de casas en ruinas un año después de Katrina, la industria local de la construcción necesita más voluntarios nuevos como ella. La escasez de trabajadores —agravada por una aguda escasez de lugares donde albergarlos— está imposibilitando a los contratistas satisfacer la enorme demanda de constructores, plomeros, electricistas y otros trabajadores especializados.

La escasez de mano de obra también ha dejado a muchas víctimas de Katrina vulnerables a los abusos en los precios y las artimañas de contratistas inescrupulosos.

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