Cuando el mundo del beisbol se puso de pie para aplaudir a Dave Stewart, el derecho de Oakland que había lanzado juego sin hit ni carrera a los Azulejos de Toronto la tarde del 29 de junio de 1990, Fernando Valenzuela, de los Dodgers, hizo una predicción a uno de sus compañeros.
“Hombre, entonces habrá dos no hitter este mismo día porque yo voy a lanzar uno hoy”.
Y así fue. Mike Shaperson haría luego la revelación a la cadena ESPN.
En efecto, el mexicano lo hizo ante los Cardenales y el beisbol fue sacudido por una segunda vez ese día.
La noche del miércoles, Freddy García, de Chicago y Ben Sheets, de Milwaukee, parecían decididos a superar las presentaciones de Stewart y Valenezuela. Y después de seis entradas lo estaban consiguiendo.
García lanzaba perfecto ante los Ángeles. Y así lo hizo durante 7.2 entradas, hasta que apareció Adam Kennedy con un hit que terminó con la magia.
Y a unos, 3,380 kilómetros de distancia y casi a la mismo hora, Sheets iba al séptimo episodio, en medio de una jornada perfecta, cuando Chris Duffy de los Piratas se la arruinó con hit.
¿Qué le parece? “Realmente no tiene ninguna importancia, porque ninguno de nosotros lo logró”, dijo Sheets.
La última vez que se lanzó un Juego Perfecto fue el 18 de mayo del 2004, cuando Randy Johnson logró la hazaña ante Atlanta 2-0.
Desde entonces, no se lograba ni siquiera un no hitter, hasta que el venezolano Aníbal Sánchez, de los Marlins, le pintara el doble cero a los Diamondbacks de Arizona.
Freddy García quiso seguir las huellas de Sánchez, pero más que eso, quería ir tras la brecha abierta por Denis Martínez, a quien le corresponde el mérito de ser el único latino con un Juego Perfecto en la historia de las Grandes Ligas.