NUEVA YORK.- Cuando las Torres Gemelas fueron derribadas el 11 de septiembre de 2001 se creyó que Nueva York iba a perder algo de su arrogancia y glamour característicos. Pero cinco años después la economía superó el golpe, los precios inmobiliarios vuelven a dar miedo y el ánimo es bueno.
Junto a gente directamente afectada por los atentados conviven millones de neoyorquinos cuyas vidas no se vieron sustancialmente alteradas, pese al incremento visible de la seguridad y las incomodidades que ello conlleva.
"Los neoyorquinos se han recuperado sobradamente. Creo que la gente salió adelante", dijo Nancy Foner, profesora de sociología en el centro universitario Hunter College.
"Está ahí, siempre de trasfondo, pero no creo que afecte a los neoyorquinos en sus vidas cotidianas. Después de todo, ya pasó algún tiempo", explicó a la AFP.
CIUDAD HERIDA
Foner, que participó en la obra "Ciudad herida: el impacto del 11 de septiembre", afirmó que los que sólo vieron los atentados en la televisión son menos susceptibles de padecer secuelas que los que estaban en la zona.
"La mayoría de los neoyorquinos no estaban ahí, no vivían cerca de la zona, sus trabajos no se vieron alterados. La gente estaba desconcertada pero creo que en menos de seis meses la mayoría de los neoyorquinos habían vuelto a la normalidad".
Un miembro de la Guardia Nacional que patrulla la estación de trenes de Grand Central explica que aunque el incremento de la seguridad recuerde constantemente a los neoyorquinos que viven en un mundo "post-11/S", eso no parece haberles alterado.
TURISTAS REGRESARON
"La ciudad ha cambiado, la seguridad se ha incrementado notablemente", dijo el hombre, de unos 50 años, que vive en Brooklyn y no quiso revelar su nombre.
Al mismo tiempo, precisó, si en algo han influido los Atentados, es en aumentar la determinación de sus habitantes.
"Soy neoyorquino. Los neoyorquinos tienen una actitud fuerte, no estoica. Pueden enfrentarse a cualquier cosa y yo creo que el 11 de septiembre fortaleció esa actictud".
Económicamente, todo pinta color rosa. Los turistas, que al principio se mantuvieron alejados, han vuelto a manadas, gastando más y más, tanto en las tiendas baratas de Broadway y el Bajo Manhattan como en las más refinadas de la avenida Madison.
Los indicadores económicos describen un horizonte despejado.
SEGURIDAD INCOMODA PERO NO INTIMIDA
El gasto de los visitantes se ha incrementado regularmente después de los ataques, de 15,000 millones de dólares en 2001 a 23,000 en 2005, mientras que la proyección de turistas para el año 2006 muestra un incremento de 22% respecto a las cifras de 2000.
Los viajeros no se dejan intimidar por el nuevo régimen de seguridad. Para una jubilada de Connecticut (noreste) que visitaba Nueva York, ni los atentados ni la amenaza de nuevos ataques ha restado brillo a la ciudad.
"Adoro Nueva York"; los problemas que sufre "no me importan. La vida es así", sentenció.
Para Steve Freedman, de 53 años, empleado de una empresa de mensajería, la presencia de la policía y los militares es más tranquilizadora que molesta.
"Lo primero que percibes es la policía, los perros, las fuerzas armadas. Es desafortunado, pero tiene que ser así. Son los tiempos en que vivimos".
LA VIDA SIGUE
Freedman cree que la ciudad será siempre un objetivo terrorista, pero que saldrá adelante gracias a la actitud contagiosa de sus habitantes.
"La vida continúa. No puedes preocuparte de todo. Actúas como si nada pasase. Este lugar es un hogar. No importa de dónde vengas, este es tu hogar. Nueva York siempre estará aquí".