El presidente izquierdista Evo Morales enfrentó el viernes una fuerte arremetida de fuerzas de oposición de derecha que paralizaron con barricadas cuatro importantes regiones de Bolivia, en el peor momento del gobernante indígena en siete meses de gestión.
Morales consideró que el paro, convocado por organizaciones cívicas y empresariales, partidos de derecha y prefectos (gobernadores) de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, afines a agrupaciones conservadoras, obedece al “odio, al desprecio (que sienten esas élites) al movimiento indígena originario”.
El gobernante de origen aymara-quechua dijo promover “un cambio en democracia, debatiendo los problemas sociales, los económicos” en el marco de una Asamblea Constituyente, que la oposición, radicada especialmente en Santa Cruz, la región más rica y poderosa del país, cuestiona fuertemente.
“El gobierno no nos atemoriza”, amenazó a su vez el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, aliado del ex presidente conservador Jorge Quiroga, derrotado por Morales en las elecciones generales y en el plebiscito para designar constituyentes.
El ex mandatario controla cuatro de nueve gobernaciones, luego que los prefectos de Cochabamba y La Paz se desmarcaran de su control.
Morales, primer indio en ocupar el cargo en 181 años de vida republicana, dijo que la actitud de algunos “sectores que tratan de marginar, de excluir, de odiar, de despreciar, tiene que terminar”.
“Cuando hablan de paro siento que es el odio, el desprecio al movimiento indígena originario, hemos recibido muchos insultos, nuestros constituyentes han recibido insultos, provocaciones”, lamentó el mandatario.
Para hacer efectivo el paro en Santa Cruz, epicentro de la protesta, el poderoso Comité Cívico Pro-Santa Cruz, organización cívica que abandera las luchas autonomistas contra el poder central de La Paz, convocó a la población a resistir el supuesto avasallamiento de Morales contra la región.
En una decisión arriesgada, que eventualmente puede desatar la violencia en las calles, una Unión Cívica Juvenil Cruceñista, grupo de choque de la ultraderecha, movilizó centenares de activistas, muchos de ellos ebrios, para levantar barricadas y obligar a la población a acatar el paro.
La jornada de huelga fue empañada con un atentado con cocteles molotov de la filial en Santa Cruz del canal estatal de televisión, afín al gobierno.