Parece que una de las once mil vírgenes se haya escapado del paraíso y aparecido en estos lares, con todo el ropaje de la nueva tecnología, haciéndonos una visita desde la distante España. Esta nueva santa Fenosa fue ennoblecida por el caudillo generalísimo Franco y Bahamonde con el aristocrático título del condado de Fenosa, no ha hecho invocar recuerdos muy dolorosos de la antigua Madre Patria que ahora pudiéramos variar con un término más adecuado y más real, llamémosle la Madrastra Patria, lo contrario a la cariñosa madraza en la que siempre hemos pensado.
La crisis energética más severa de la que podemos hacer memoria, ha generado una oleada de repudio y condena con todo el territorio nacional. Una verdadera catástrofe nacional. Es difícil comprender cómo uno de los emporios industriales más grandes y poderosos de la península Ibérica esté fracasando y continúa fracasando de día y de noche en la función para la que fue contratada por el Estado de Nicaragua.
Llegaron para iluminarnos con la luz y energía y activar las industrias y comercios, y no para sumergirnos en oscuridades infernales y el caos. Todas las razones que esgrimen para justificar esa desastrosa administración nos hace creer como si estamos en el aula de una escuela campesina, donde el maestro advierte que nos estamos comportando mal. Todavía no hemos encontrado a ningún ciudadano que justifique semejante barbaridad. Parece que nosotros los nicaragüenses hemos sido los más infortunados ante la avalancha de inversiones del reino de España en el continente latinoamericano. Hay que observar las estadísticas que explican llanamente las decenas de miles de millones de dólares que el capital español ha invertido en este continente, ungiéndole como los número uno sobrepasando a Estados Unidos y a la Europa Comunitaria. Veamos cómo la famosa telefónica ha comprado, domina y controla las comunicaciones, aún en la pequeña Nicaragua. Han adquirido líneas aéreas y bancos regionales en Argentina, Chile, Brasil, Venezuela y un largo etc. Si antes nos conquistaron con sus arcabuces, ballestas, y armadura, ahora lo están haciendo inteligentemente con su dominio en las finanzas internacionales a través de sus consorcios llenos de euros y dólares, creando complejos industriales, fábricas, cadenas hoteleras de luxe y por supuesto miles de espacios de trabajo. Entonces aparece nuestro milagro con la santa Fenosa a castigarnos como demonios y tercermundistas empedernidos. Pero tienen tan poca vergüenza que ya nos están diciendo que cobrarán la seis u ocho horas de falta de luz, es decir de ausencia de energía, imponiéndonos un nuevo récord que significa que la maldecida oscuridad también tiene su precio y hay que pagarlo, ni Ripley se imaginó tan satánica y descarada codicia.
Tan bella que es España y su patrimonio histórico, después de Italia el más grande de toda la humanidad, según autorizada certificación de la Unesco. Palacios, museos, catedrales, castillos, monumentos por doquier. Recordemos que sólo hay un Escorial donde yace su creador Felipe II, sólo hay un acueducto de Segovia de 20 siglos de edad. Hasta los romanos se enamoraron de la milenaria Hispania, por eso se quedaron allá muchos siglos. La España contemporánea, la más grande potencia turística del orbe, después de Francia, donde su gastronomía de múltiples cucharas regionales humedecen a los paladares más exigentes.
Pudiera explayarme páginas y páginas placenteras sobre las inolvidables vivencias en la legendaria tierra de El Quijote y también los Asturias y Borbones. Hasta que llegó Fenosa, sorry, cómo voy a escribir en semejante oscuridad.