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Medios y política
Guillermo Rothschuh Villanueva
El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación Social, de la UCA

Los medios son hoy en día la política. Aunque es verdad que la política no empieza ni termina en los medios, quien quiere alzarse con el triunfo tiene que contar con el apoyo de los medios. Las razones son múltiples: debido a su amplia y temprana socialización de las conciencias, su enorme poder de movilización, su cobertura excepcional, su funcionamiento en tiempo real, su omnipresencia, (el 95 por ciento de las casas de los hogares urbanos cuenta con un televisor), su gran capacidad para imponer la agenda pública. La gente no sólo habla de lo que dicen los medios muchas veces actúa de acuerdo con sus propuestas.

Pero tienen un déficit acumulado, hace falta ensanchar la agenda de temas y participantes. En Nicaragua existen organizaciones de la sociedad civil y una diversidad de actores y organizaciones que tienen propuestas concretas y maduras sobre el tema del empleo, la educación, agua, salud, políticas públicas para enfrentar el VIH/sida, el desarrollo sostenible, energía, transporte, litigios fronterizos, disputas internacionales, políticas de comunicación, estrategias para los jóvenes, política económica, políticas migratorias, remesas familiares provenientes del exterior, desarrollo rural, planes, programas y estrategias para la concreción de la sociedad del conocimiento, fortalecimiento y no crecimiento del Estado. Los entes reguladores que han sido la gran propuesta con el desmantelamiento del Estado lucen débiles, desarticulados e ineficaces.

Urge refundar el Estado y propiciar y alcanzar la independencia y autonomía entre los diversos poderes puesto que los entes reguladores, la gran propuesta con el desmantelamiento del Estado, lucen débiles, desarticulados e ineficaces. Me refiero a propuestas concretas, explícitas, tangibles y con plazos definidos para su ejecución. Los medios pueden jugar en este aspecto un rol determinante. Ésta debería ser una de sus funciones más vitales. Fiscalizar el cumplimiento de lo prometido por los políticos debe ser una tarea irrenunciable de los medios. Sobre todo mostrar la viabilidad de sus propuestas. Algunos lo que andan haciendo es una venta de ilusiones.

Un medio que se respeta cuenta con su propia agenda. Éste sería el mayor triunfo de los medios de comunicación en Nicaragua, y no estar girando, como lo hacen algunos, alrededor de determinados partidos, repitiendo hasta el cansancio su discurso. Entre mayor sea el grado de autonomía de un medio de comunicación mayor será el grado de respetabilidad que tendrá entre las distintas audiencias nacionales. Lo que está en juego es su propia credibilidad, su activo más importante. Lo que le confiere respeto ante las audiencias.

Los medios son actores decisivos en esta campaña electoral. Son un poder. Son determinantes no sólo para configurar la agenda nacional sino también para decretar la vida o muerte, el silenciamiento, la visibilidad o el ocultamiento de determinados temas y actores políticos. Son los auténticos escenarios de lucha por conquistar el poder. Son empresas, lógicas, metáforas, lenguajes, escenarios donde se gana o pierde el poder.

La ética es un elemento central y debe tomarse muy en cuenta. Pero la política nuestra es medieval como en algunas otras partes del mundo. En ciertos medios los candidatos y sus acólitos se dedican a desprestigiar a los adversarios para obtener réditos políticos y esto gusta a los votantes. Las zancadillas y el juego sucio forman parte de este drama nacional que constituye cada elección. Como los criterios de noticiabilidad que prevalecen son éstos, las disputas y las descalificaciones encuentran una amplia acogida en algunos medios. Esto debe obviarse. Lo que requerimos son propuestas y no más de lo mismo.

Aunque la definición de la política editorial permite a los diferentes medios apoyar determinadas posiciones o fuerzas políticas, esto no implica una abierta parcialidad en su política informativa. Una apertura hacia todas las expresiones sociales, gremiales, sindicales, organizaciones femeninas, movimientos sociales, políticos y culturales debería ser norma y no excepción. Cada vez que se presentan las elecciones la apuesta es que los medios jueguen como los grandes moduladores del quehacer político. Eso genera confianza y credibilidad entre los lectores. Nadie quiere más de lo mismo.

La tentación por las preferencias político-partidarias en la mayoría de los medios es visible. Con las excepciones de rigor los alineamientos y realineamientos están a la orden del día. Las elecciones implican un riesgo y tienden a alejar a los medios de cumplir una función informativa, la que pasan defendiendo durante todo el año, sólo para venir a hipotecarla durante el proceso electoral.

La independencia, la autonomía, la apertura, agenda propia, la crítica precisa y oportuna son elementos que los votantes y las distintas audiencias esperan que los medios pongan en juego. Éste sería su mayor aporte al proceso de gestación democrática en Nicaragua.

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