Maria Sharapova se presentará este viernes en su séptima semifinal de un Grand Slam.
Pero si la rusa quiere consagrarse en el Abierto de Estados Unidos y repetir la experiencia de ganar un torneo grande, tendrá que encontrar la manera de vencer a Amelie Mauresmo.
Con su encanto, pelo rubio y zapatillas plateadas, Sharapova es quien capta los lentes de las cámaras en Flushing Meadows. Es el rostro de comerciales y rótulos publicitarios, pero ha demostrado con creces que no es ninguna Anna Kournikova —la zarina que nunca ganó un título— y su credencial es el título de Wimbledon que obtuvo en el 2004.
Esa fue la primera vez que Sharapova figuró entre las cuatro mejores de un Slam, pero le han cerrado la puerta en los siguientes cinco turnos que tuvo en la instancia de semifinales.
Uno de esos tropiezos fue contra Mauresmo en el último Wimbledon, título que eventualmente fue atrapado por la francesa. Curiosamente, Sharapova fue semifinalista en Australia, donde Mauresmo conquistó su primera corona en un Slam.