5 de octubre de 1991. Los Bravos de Atlanta ganaban el banderín del Oeste de la Liga Nacional, y daban inicio a una era de supremacía.
A lo largo de 15 años, los Bravos ganaron más de 1,400 partidos en dos divisiones. Bajo la tutela de Bobby Cox, Atlanta encontró una especie de fórmula eterna para mantenerse en la cima.
Nada parecía causarles mella. Lograron sobreponerse a las salidas de Tom Glavine y Greg Maddux, pilares fundamentales en su rotación de abridores.
Jugadores descartados en otros lugares, como Vinny Castilla y Jaret Wright, resurgían en Atlanta, pero luego declinaban al cambiar de lares.
Chipper Jones y Andruw Jones fueron ejemplo en otro apartado en el que se hicieron expertos, esculpir prospectos dentro de sus propias filas.
La suerte también estuvo de su lado, como en 1994, cuando una huelga de jugadores dio al traste con una temporada en la que marchaban a seis juegos detrás de los punteros Expos de Montreal.
Atlanta se cansó de burlarse de los pronósticos agoreros, los que en reiteradas ocasiones al comienzo de una temporada indicaban que les había llegado la hora.
Pues ese momento finalmente se hizo realidad. Los Bravos serán destronados en el 2006, eliminados virtualmente de la carrera por el título del Este, al cual los Mets de Nueva York se encaminan a pasos acelerados.
Luego de perder dos de tres partidos en Nueva York, los Bravos se rezagaron a 20 juegos y medio de los Mets a falta de 23 por disputar. La imponente racha 14 de títulos de división podría acabar este fin de semana.
A los Bravos les queda la esperanza de avanzar a los play offs mediante el wild card, aunque están a siete juegos de los Padres de San Diego.
Según Chipper Jones, no se trata del fin de una era.
“Los tres últimos títulos fueron ganados cuando nadie apostaba por nosotros”, comentó el toletero. “Pero vamos a volver el próximo año. Estoy seguro de eso. Tenemos que hacer algunos cambios”.