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Músicos de Kaze ejecutan una melodía tradicional del folclor japonés. (LA PRENSA/CORTESÍA)
Japoneses sorprendieron
con su talento
En el Teatro Nacional Rubén Darío
Alberto L. Alemán
revista@laprensa.com.ni

Además de los músicos, quizá nadie más en la sala era un experto en música tradicional japonesa. Pero tampoco había que serlo. Los artistas fueron genuinos, su dominio técnico y escénico fue impecable, y la entrega a su arte quedó evidenciada ante el público. Eso se percibe, se siente.

En el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, un grupo de unas 300 personas invitadas por la embajada de Japón tuvo la oportunidad, el martes por la noche, de ver y escuchar el singular concierto del grupo Kaze, especializado en música tradicional japonesa.

Kaze visitó Nicaragua gracias a la Fundación Japón, institución que promueve la cultura y la lengua japonesa y a la embajada del país asiático.

Fue evidente que los músicos tienen experiencia de tocar ante audiencias occidentales. Amable e instructivamente fueron presentando sus instrumentos: su origen, cómo está hecho y qué sonidos produce. Improvisaron un concurso de tres ejecutantes y el público pudo seleccionar a su preferido, creando una buena atmósfera de interacción.

El instrumento principal de Kaze es el Tsugaru shamisen, un pequeño instrumento de cuerda, aunque también había tambores, platillos y flautas de distinto tamaño, todas llamadas shakuhachi.

Tsugaru es una de las regiones japonesas. Allí, el shamisen ha adoptado unas características particulares. El Tsugaru shamisen es del tipo futo-zao (hay 3 tipos), es decir la pértiga es más gruesa, así como las cuerdas y los hilos, el tamaño del plectro y de la caja son también mayores. De allí que el concierto fuese anunciado como uno de Tsugaru shamisen.

Las escalas musicales asiáticas difieren mucho de nuestro do re mi fa sol. En una muestra de dominio del instrumento, los músicos presentaron al público un selecto repertorio que incluyó melodías de música popular americanas. Pero el grupo conquistó la simpatía del público cuando uno de los ejecutantes de shamisen tocó partes de Nicaragua, Nicaragüita. Era inconfundible la melodía, aunque con una extraña resonancia.

Sin duda, fue un concierto extraordinario, una rara joya en la vida cultural de Managua.

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