Es una falsedad total decir que la juventud de los años ochenta estaba contenta y ansiosa por ir a la guerra a cumplir el servicio militar. La mayoría de los jóvenes fue forzada a reclutarse y a combatir por un gobierno y una causa sandinista en la que no creían ni simpatizaban. La montaña se convirtió en un gran sepulcro para miles de jóvenes que merecían vivir y no morir prematuramente.
La juventud fue convocada a otras jornadas revolucionarias como la Cruzada Nacional de Alfabetización, los cortes de café y algodón, la jornada de ciencia y producción en los colegios, así como integrar las milicias populares en los barrios y comarcas. Todo esto llevaba de fondo el mensaje de vivir la guerra; la vida civil fue desplazada por la vida militar en todas sus expresiones.
Ante este clima de inseguridad, incertidumbre y en medio de un Estado fascista, controlador de la gente para intimidarla y donde no había libertades civiles o democráticas; muchas familias y miles de jóvenes optaron por abandonar Nicaragua y salir al exilio a sufrir hambre, carencias de toda clase, marginación y humillación con pobreza en otros países, lejos de su Patria.
El ambiente de guerra favoreció a que se incrementara la prostitución, el uso de drogas, alcoholismo, tabaquismo, además de la vagancia y depresión. Aparecieron las primeras pandillas en Managua como por ejemplo “Los Perros” y “Los Dragones” y los vicios se dispararon. No se conocen cifras porque el gobierno sandinista las ocultaba.
Es mentira que los jóvenes morían en la montaña de forma heroica o poética con mística revolucionaria. La verdad es que reinaba un gran miedo, terror, pero sobre todo temor de morir por nada y quedar olvidado.
El Ejército, la Policía y la Seguridad del Estado realizaban grandes operativos sorpresas desplegando tropas y muchas patrullas para cercar, acorralar y atrapar a jóvenes en colegios, barrios, fiestas, canchas deportivas, bares, discotecas, fincas y hasta en celebraciones religiosas.
No respetaban el llanto y el ruego de las madres, para muchos fue el último adiós. Algunos jóvenes lograban escapar de una verdadera cacería humana sin piedad y se escondían en montes o en casas de amigos o vecinos para luego huir de cualquier modo a otro país. Los jóvenes campesinos eran los que más sufrían junto a los más humildes.
Por otro lado, en la década de los ochenta aparecieron grandes innovaciones en el cine y la música. Películas como Rambo, Exterminador, Depredador, Rocky, Robocop, Indiana Jones, la Guerra de las Galaxias y series como El Auto Fantástico le dieron rostro a esta época. Igualmente la música pop, el rock pesado, el reggae, el rap y el techno.
La juventud se vio más liberada de tabúes y mitos conservadores y creció la preocupación por una guerra nuclear y el medio ambiente empezó a cobrar más importancia. Apareció la computadora personal y se abrió paso a la era digital y ciencia ficción. El sida sale como la peste del siglo y la tecnología tuvo un empuje vertiginoso. Pero en Nicaragua era la época de las tinieblas y mentalidad cavernaria por el marxista FSLN.
Esa fue la verdadera generación perdida de los años ochenta en Nicaragua.