No tengo el gusto de conocer a Allan Reyes, el árbitro de beisbol que ha sido seleccionado para viajar a Los Ángeles, California, para participar en un seminario auspiciado por las Ligas Mayores del Beisbol (MLB) y que inicia a finales de la próxima semana.
Sin embargo, Allan tuvo la gentileza de escribirme un correo a través del cual comparte varios detalles interesantes en relación a sus expectativas sobre el seminario y las metas que se ha trazado para su carrera.
“Seré recibido en el aeropuerto de Los Ángeles por Alfonso Márquez, el árbitro mexicano que está trabajando en la actual Serie Mundial entre Tigres y Cardenales”, señala Reyes en su mensaje, cargado de entusiasmo.
No es para menos.
¿Cuántos de nosotros no hemos soñado con conocer a esas personas que con su ejemplo han tenido mucha influencia en nuestro desarrollo, sin importar el ámbito en el que nos movamos? Muchos, ¿verdad?
Pero además del entusiasmo que tiene por el curso, Allan me dice que su sueño es convertirse en un árbitro profesional “y aunque quizá es un sueño muy grande, quisiera ser árbitro de Grandes Ligas”, agrega.
Esto fue lo que más me alegró del mensaje.
Tenemos que soñar. No podemos hacer realidad los deseos que siempre hemos tenido, si antes no los visualizamos interiormente.
Ni usted ni yo sabemos si Allan cumplirá sus sueños, pero cuánto me alegra que se haya puesto metas para su carrera, que trabaje en base a un plan y que luche para hacerlo realidad.
Por ahora, lo cierto es que Reyes viaja el próximo 4 de noviembre. Este martes recibió su visa para ingresar a Estados Unidos y está empacado maletas.
Qué bueno que se ha vuelto la mirada hacia los árbitros, jamás elogiados, nunca reconocidos y tan importantes para el desarrollo del beisbol.
Y en esto, el factor clave ha sido Ronaldo Peralta, el nica que labora para MLB.