En las últimas semanas el candidato Daniel Ortega se ha dedicado a martillar la frase: “Tuvieron 16 años y no pudieron”, en referencia a los tres gobiernos que han gobernado el país desde 1990, año en que doña Violeta Barrios lo derrotó en las primeras elecciones libres de Nicaragua.
Insinúa el candidato del FSLN que, lejos de cumplir lo ofrecido, estos gobiernos no le han traído beneficios al pueblo.
Como Ministro de la Presidencia del Gobierno de doña Violeta, del cual puedo hablar, debo referirme a esta falsa afirmación. Lo hago con el deseo de que los jóvenes que no vivieron esos años tengan los elementos necesarios para ver que Ortega anda falseando la realidad en lo que toca al período de doña Violeta.
“Prometieron trabajo, y lo que han dado es desempleo”, dijo Ortega. Doña Violeta prometió “construir la paz” para sacar a los jóvenes del trabajo que Ortega les había asignado: matar y morir. Y doña Violeta construyó la paz, y además abrió miles de empleos en el campo, la banca, las zonas francas, el comercio y la industria. La producción subió, el café y el azúcar al doble, la de mariscos siete veces, la de granos básicos a niveles récord. Todo eso en base a la generación de empleos productivos.
“Prometieron educación y, año con año, se quedan 800 mil nicaragüenses sin ir a la escuela”, dijo Ortega. Doña Violeta prometió “construir la democracia”, y lo hizo, para que aprendiéramos a respetarnos como hijos de una misma Patria. Además, garantizó la plena libertad de expresión que Ortega había impedido por temor a la opinión del pueblo. Doña Violeta, además, construyó y reacondicionó más de mil escuelas, aumentó la escolaridad en 279,125 niños y jóvenes en colegios, universidades, y garantizó por primera vez en la historia, el 6 por ciento a las universidades.
“Prometieron salud y lo que han dado es falta de atención médica y muchos nicaragüenses han muerto por esa falta de atención médica”, dijo Ortega. La presidenta Chamorro prometió “solucionar la crisis económica y social” en que Ortega había sumido al país y “emprender el desarrollo económico en base a los intereses nacionales”, para liberarnos de la peor enfermedad que Ortega trajo al país, la pobreza generada por la inflación desenfrenada. Y el gobierno de doña Violeta erradicó la inflación, bajó la deuda externa a la mitad, dejó un país creciendo al 5 por ciento, y además aumentó el número de médicos en 73 por ciento, construyó tres hospitales nuevos con 450 camas, cientos de puestos de salud y redujo la mortalidad infantil.
Pero allí no acaban las cosas. Doña Violeta prometió “abolir el Servicio Militar” para que los jóvenes pudieran educarse, en lugar de inmolarse, y lo cumplió. Prometió darle a las Fuerzas Armadas un “carácter profesional” y que no pertenecieran “a ningún partido político”, y lo cumplió. Prometió y logró el “pluralismo político, la libertad de movilización política, el derecho a la huelga, la autonomía municipal, la autonomía universitaria”, conquistas básicas que Ortega nunca promovió, por su vocación totalitaria.
Y también ofreció el “establecimiento de un Estado de Derecho, un régimen civil, republicano, democrático y representativo, integrado por los cuatro poderes del Estado, autónomos e independientes entre sí”, y lo cumplió, algo que ningún Presidente se había atrevido a poner en vigencia en los últimos 50 años, y menos Ortega.
Prometió también la “eliminación de la confusión de los intereses del Estado con los del partido de gobierno”, y gobernar “por encima de intereses partidistas”, y lo cumplió. Su gobierno, muy diferente al de Ortega, jamás puso al lado de la Bandera Nacional ninguna otra, porque los nicaragüenses tenemos una sola Patria.
Sólo hay algo en que Ortega tiene razón. Doña Violeta prometió la “prohibición de la reelección presidencial”, y en eso no pudo cumplir, pero no por falta de voluntad y convicción, sino porque Ortega y sus diputados, así como los de Alemán y otros, no se atrevieron a respaldarla.
A pocos días de las elecciones, las cosas deben hablarse con claridad. Ortega gobernó diez años, y no sólo no cumplió con traer “ríos de leche y miel”, sino que hundió al país a lo más profundo que Nicaragua ha bajado. Hizo retroceder la economía hasta quebrarla, destruyó las exportaciones y el salario real de las personas, y desató la hiperinflación. A la vez, endeudó al país al nivel más alto de la historia y nos metió a una guerra en la que miles de jóvenes fueron a perder sus vidas en lucha contra “la guardia somocista” para venirse a aliar con los años con el somocismo de Arnoldo Alemán.
Hoy Ortega calla sobre su desastrosa gestión y miente sobre “los últimos 16 años”. Es el mismo “Comandante” del retroceso y del engaño vestido de colores que también son de mentiras. En 16 años Ortega no ha cambiado.