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Libertad en peligro

Algunas personas nos preguntan por qué estamos tan seguros de que un nuevo gobierno de Daniel Ortega suprimiría o restringiría la libertad de prensa. La respuesta es sencilla: porque ya lo hizo cuando estuvo en el poder en el período de 1979 a 1990. Porque a las personas y a los partidos políticos se les juzga por lo que han hecho, no por lo que dicen de ellos mismos ni por lo que prometen. Como advierte la Biblia en Mateo 7.15-19, al árbol se le reconoce por sus frutos, lo cual no es sólo un precepto religioso sino también un principio de sabiduría humana que, lamentablemente, se olvida con frecuencia.

Una de las primeras disposiciones del régimen sandinista, en 1979, fue crear una Dirección de Medios de Comunicación y para disimular sus propósitos represivos la pusieron bajo el alero del Ministerio de Cultura. Pero al poco tiempo la trasladaron al tenebroso Ministerio del Interior (Mint) y eso ocurrió mucho antes de que comenzara la guerra de los Contras apoyada por Estados Unidos.

“Adoctrinados y entrenados en Cuba bajo la ideología y las consignas del marxismo-leninismo, los nueve comandantes sandinistas veían ya en una prensa libre e independiente un estorbo para sus planes políticos y su modelo totalitario”, señaló el ingeniero Jaime Chamorro Cardenal, actual director de LA PRENSA, en su libro Frente a Dos Dictaduras, publicado en 1987, el cual tuvo que ser editado en Costa Rica debido a la férrea censura sandinista que imperaba en ese entonces. Y aclaró don Jaime Chamorro que: “La censura impuesta por el sandinismo no fue, como ellos constantemente dicen a quienes les hacen entrevistas o los interrogan sobre este problema vergonzoso, motivada por la guerra, ni por la contrarrevolución. Esa es una falsedad, una falsedad histórica. La censura comenzó desde el primer año, antes de cualquier guerra. Comenzó lentamente, usando muchos disfraces…”.

En realidad, el comunismo y la izquierda radical en todas sus variantes son enemigos naturales de la libertad en general y ante todo de la libertad de expresión y de prensa. Así lo han demostrado en todos los países donde han gobernado, desde la antigua Rusia bolchevique en la que Lenin abolió de inmediato la “prensa burguesa”, pasando por Cuba, donde periodistas purgan penas de prisión de 25 años por tratar de ejercer su derecho natural a la libertad de información, hasta la Venezuela de Chávez en la que los medios de comunicación están arrinconados por el acoso del régimen revolucionario chavista, y la Bolivia de Evo Morales, quien ya echó a andar su plan de cubrir el país con medios informativos “comunitarios”, controlados por el gobierno, para sustituir a los medios privados e independientes.

Al respecto cabe señalar que Daniel Ortega ha dicho reiteradamente que si gana las elecciones del 5 de noviembre su gobierno sería como los que imperan en Cuba, Venezuela y Bolivia. A eso se comprometió el líder sandinista en abril de este año, en La Habana, Cuba, cuando compareció públicamente junto a Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales, para proclamar la llamada Alianza Bolivariana de las Américas.

De manera que quienes voten por Daniel Ortega y el FSLN el próximo 5 de noviembre, deben estar conscientes de que estarán votando contra la libertad de prensa (y contra todas las demás libertades y derechos de las personas, inclusive las de ellos mismos), por el establecimiento de un sistema único de televisión, por el acceso a la televisión por cable y al Internet sólo para personas escogidas por el gobierno, por el terrorismo fiscal contra los medios privados y la persecución a los periodistas independientes, etc.

Hay quiene dicen que se debe perdonar a Daniel Ortega y el FSLN por todo lo malo que hicieron contra la gran mayoría de los nicaragüenses, en los años ochenta, y darles una nueva oportunidad. Sin embargo, ¿para que correr semejante riesgo. ¿Acaso no hay otras personas con mejores credenciales personales que las de Daniel Ortega y que además tienen reconocida vocación democrática y libertaria? ¿Por qué mejor no pedirle a Ortega que él le dé a Nicaragua la oportunidad de vivir tranquilamente y sin angustias electorales por el posible retorno del totalitarismo, como está ocurriendo ahora?

Nicaragua como cualquier otro país del mundo para crecer y desarrollarse necesita vivir en libertad y democracia. Y para eso, la libertad de prensa es absolutamente indispensable porque es la garantía y la salvaguarda de todas las demás libertades y derechos.

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