Las elecciones en América Latina han despertado como nunca antes un interés en toda la región y en el mundo. No se trata de simples elecciones, de cambios de gobierno dentro de un mismo sistema, en la mayoría de los casos, sino de cambios de formas de gobierno en los que se juega el futuro.
Las elecciones en Perú, en México y ahora en Ecuador, en su segunda parte, muestran cuan interesantes se presentan estos procesos hoy en la región. En Nicaragua la situación no deja de ser menos interesante y preocupante.
De esta importancia dan testimonio, por supuesto, las declaraciones y posiciones desde afuera, que pudieran interpretarse, en algunos casos, como interferencia en los asuntos internos de los demás países, pero que en el fondo no lo son.
La OEA, una vez más, su Secretario General, el chileno Insulza, ha actuado muy a la ligera al condenar la “intervención” del Gobierno de los Estados Unidos en el proceso nicaragüense. Una crítica directa que aún no se ha sentido con la misma intensidad ante la burda intervención —ya denunciada desde hace muchísimo tiempo por los distintos pueblos de América— del régimen bolivariano de Hugo Chávez, quien financia directa y descaradamente candidatos como López Obrador en México, Correa en Ecuador, Humala en Perú.
En Nicaragua es clara su injerencia. La venta de combustible barato que no resuelve nada pero que sólo busca desestabilización en el país, es una muestra de ello.
Es muy lamentable, pero el Secretario General de la OEA, lejos de actuar con la ponderación y la imparcialidad requeridas, exigidas, por sus funciones, se muestra parcializado. Ya lo ha hecho en relación con el régimen de Chávez, al que ha favorecido en todo momento para responder al apoyo que le brindara Caracas en su elección a la Secretaria General del organismo regional. Inconcebible, pero cierto. Para muestra un botón, hoy condena la injerencia estadounidense, pero jamás ha condenado la venezolana con tanta firmeza, con nombre y apellido, a pesar de existir las pruebas contundentes de ello. Qué lamentable su genuflexión en unos casos y en otros no.
Los nicaragüenses deben decidir su destino, eso es absolutamente cierto. Cualquier interferencia, todas, simplemente, deben ser rechazadas con la misma intensidad. La autodeterminación, en este sentido, es indispensable.
En sólo dos semanas el pueblo de Nicaragua decidirá su destino. Los nicaragüenses deberán escoger entre la libertad, la democracia, el respeto y la tolerancia y otras formas distintas de gobernar, superadas, aunque de nuevo planteadas en otros países como en Venezuela, en donde el Presidente candidato Hugo Chávez plantea una campaña “por amor” después de haber perseguido a sus opositores, de haber irrespetado las normas fundamentales y de respeto, amén de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.
El candidato del FSLN, Daniel Ortega, presenta hoy un mensaje muy similar al del teniente coronel golpista venezolano que anuncia gobernar hasta el 2021, quebrantando los principios democráticos más elementales. Ortega le pide a los nicaragüenses que le den una nueva oportunidad para gobernar en paz. Así regresó Chávez el famoso 11 de abril del 2002 cuando dejó un vacío de poder, por la presión democrática que le acorralaba. Con un crucifijo en la mano lloró ante las cámaras prometiendo paz y tranquilidad a los venezolanos. La realidad fue muy diferente. Apenas unas semanas después implantaba el régimen que le mantiene hoy en el poder y que podría mantenerle más allá de diciembre, si la voluntad popular no es respetada.
Las declaraciones de arrepentimiento no son las mejores. Son insinceras, por lo general, cuando se trata de mantenerse en el poder o de lograr cometidos particulares. Manipulaciones perversas para lograr acceder al poder y desde allí, como en el caso venezolano, olvidarse del pueblo y de sus necesidades.
El cuento de Caperucita Roja y del lobo vestido de abuelita tienen hoy una aplicación práctica en nuestra región. Los nicaragüenses deben decidir su destino, pero el mejor, para insertarse en la corriente del progreso y de la libertad que se impone en el mundo, pese a los intereses minoritarios representados por los países que se ubican al margen de las normas, como Venezuela, Cuba, Siria, Corea del Norte, Bielorrusia, Zimbabwe, Irán, ejemplos que no deben inspirar a ningún pueblo en el mundo.