Es posible que a finales de este mes y a mediados del próximo, miles de tortuguillos emerjan de entre la arena en el Refugio de Vida Silvestre La Flor, ubicado a unos 22 kilómetros de San Juan del Sur, Rivas. En ese lugar, se ha producido en los últimos días todo un proceso silencioso que pone al descubierto una naturaleza en su máximo esplendor, se trata de la anidación de miles de tortugas que han depositado sus huevos a lo largo de la costa.
Aproximadamente un mes después del depósito de millones de huevos se percibirá un pequeño movimiento entre la arena y es en ese momento cuando se podrá apreciar que la vida en ese Refugio sigue su curso: miles de pequeños tortuguillos saldrán de sus cascarones, emergerán de sus nidos y luego, instintivamente, emprenderán su camino hacia el mar.
El ritual de vida que se produce en este lugar es único.
Ronald José Carballo, responsable del Refugio de Vida Silvestre La Flor por parte de la Fundación Cocibolca, comentó que todo el proceso que realiza cada tortuga dura unos 45 minutos.
La noche es el momento propicio para multiplicar la vida. Miles de tortugas hicieron un desfile de entrada y salida al mar la semana pasada. Bastante difícil era recorrer los más de un mil metros de costa, puesto que estos quelonios se colocaban casi uno junto a otro para emprender su cometido.
Las tortugas salen lentamente del mar y durante su camino hacia la costa introducen varias veces su rostro en la arena, probablemente para elegir el lugar idóneo donde depositarán sus huevos.
Una vez que encuentran el sitio adecuado, con sus pequeñas aletas comienzan a abrir un hueco en la arena, luego depositan entre 80 y 100 docenas de huevos y una vez terminado este proceso proceden a cerrar el nido con sus mismas extremidades.
El sonido fuerte de una especie de compactadora indica que la tortuga está terminando de tapar su nido con su propio cuerpo e incluso lo camufla (expandiendo su compactación alrededor del nido) para que los depredadores no localicen fácilmente los huevos depositados.
En un tiempo aproximado de entre 45 y 52 días (luego de haber depositado sus huevos), un nuevo espectáculo se produce en este Refugio cuando miles de tortuguillos salen de sus cascarones para disputarse la salida al exterior.
Se espera que a finales de octubre se produzcan los nacimientos de tortuguillos de la arribada del mes de agosto y se prevén eclosiones más fuertes a mediados de noviembre, por las miles de tortugas que llegaron durante septiembre y octubre. Hay que destacar que ya nacieron unos 10 mil tortuguillos correspondientes a las anidaciones del mes de julio.
PANORAMA DESOLADOR
La Fundación Cocibolca asumió la administración del Refugio de Vida Silvestre La Flor desde el año 2000, luego de hacer un convenio con el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), desde entonces se han llevado constantes monitoreos de las tortugas marinas que llegan a este lugar.
“En la playa tenemos ubicados once tramos, ahí llevamos monitoreo constante de todas las variables, nidos saqueados, destruidos, depredados, nidos que son destruidos por la marea, anidaciones totales por tramo, lo mismo hacemos con los nacimientos de tortuguillos”, indicó Carballo.
Luego del atractivo espectáculo natural que ofrecen las arribadas de tortugas, un panorama desolador se observa sobre la costa de La Flor. Se trata de cientos de cascarones de huevos que han sido removidos de su habitad natural. Por la madrugada, el festín para los depredadores naturales es más que halagador.
Cuando se producen las arribadas masivas, la costa de la playa ubicada en ese Refugio se queda pequeña ante la multitud de tortugas, esto obliga a que muchas desoven sobre nidos ya ocupados; los huevos, tanto los puestos como los nuevos, se pierden.
“Hemos observado una sobrepoblación de nidos en los tramos, se había convenido que se iba a hacer un raleo biológico con el fin de hacer más efectiva la eclosión de los tortuguillos y también para descontaminar un poco los tramos de playa, pero actualmente el Marena no se ha pronunciado al respecto”, indicó Carballo.
Con el raleo biológico se pretende, según este funcionario, que haya menos densidad de nidos para lograr una mejor eclosión; la idea es que los huevos se saquen de sus nidos originales y luego se reubiquen en otras áreas.
“La cantidad de anidaciones son demasiados eso no da paso a los nacimientos de tortuguillos que debían nacer con respecto a lo que cae, los nidos que destruyen, los huevos desbaratados crean gérmenes y esto provoca que los promedios de eclosión bajen”, dijo el funcionario.
Algunos estudios realizados en anteriores campañas indican que en los tramos donde hay menos densidad de nidos hay mayor éxito de eclosión de tortuguillos.
“Aunque todavía Marena no ha aprobado la extracción de huevos, estamos elaborando un vivero para hacer un raleo aunque sea mínimo y hacer la relocalización (de huevos) en los extremos; la idea es tenerlo como una parcela demostrativa para fines científicos, además para albergar otras especies raras en peligro de extinción”, agregó.