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El Güegüense. Alejandro Aróstegui. (LA PRENSA/CORTESÍA BANCO CENTRAL)
Primeras pinceladas Güegüense
Los precursores de El Güegüense en la pintura nicaragüense; Alejandro Aróstegui, Carlos Montenegro, Leoncio Sáenz, Orlando Sobalvarro y Alberto Ycaza
Marta Leonor González

Actualmente, los óleos y acrílicos sobre de El Güegüense son comunes pero hace 30 años este personaje emprendía su salida a luz pública. Así, el 23 de noviembre de 1976, a las 7: 30 p.m., la historia de la plástica nicaragüense dio un giro cuando quizás por primera vez en la desaparecida Galería Tague —una de las primeras de Managua— se realizaba una exhibición en homenaje a El Güegüense.

Alejandro Aróstegui, Rosario O. de Chamorro, Claudia Lacayo, Omar D’León, Ilse Manzanares, Carlos Montenegro, Leoncio Sáenz, Orlando Sobalvarro y Alberto Ycaza eran los protagonistas de la muestra, los creadores de una pintura renovadora y de vanguardia.

En aquel momento, en el catalogo de presentación de la exposición se destacaba una breve presentación de Pablo Antonio Cuadra que hacia referencias al reto de pintar y abordar a un personaje polémico y mestizo en la historia de nuestra cultura nacional.

PAC enfatizaba que la muestra era de primera, marcada por la fuerza de jóvenes pintores y lo positivo de conectar la pintura con El Güegüense, que además de literaria y musical es también plástica por su acción teatral, por sus trajes, máscaras y danzas.

El poeta hacía énfasis en que las obras “prueban que el tema tiene fuerza germinadora y los artistas, fecunda receptividad y poder creador. El toque inicial fue mágico: basta ver el mestizo de Aróstegui, o el Gobernador de Montenegro, o la Suche Malinche de Omar D’León, o la ritualidad del “ballet” de Sobalvarro, o el baile hierático de Leoncio Sáenz, o la sórdida antigüedad de los doblones de Ilse Manzanares para que la obra de ayer cobre vida en su metamorfosis pictórica”, dijo.

Por eso, el escritor de El Nicaragüense considera que “El Güegüense alcanza así más universalidad —al saltar de la escena al cuadro— pero no pierde su acento nativo que ahora se agazapa detrás del color con matices tan originales y distintos como pueden ser las máscaras de Ycaza o el barro de la botija de Claudia Lacayo o el primitivismo evocativo de Rosario Ortiz de Chamorro”.

Esa exposición y sus autores marcaría la búsqueda de nuevas formas, estilos y contenidos de cómo abordar la obra teatral de la cultura prehispánica nicaragüense escrita en el siglo XVI en castellano y náhuatl y que fusiona elementos indígenas e hispánicos en el teatro y la música folclórica nicaragüense declarada por la UNESCO Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Por eso vale resaltar la versión de El Güegüense de Alejandro Aróstegui, que fleja esa resistencia pacífica a la cultura forzada de los españoles hacia el indígena, basta observar detenidamente al indio sin su máscara y haciendo la guatusa, una visión que se tiene de El Juéguense y de el Nicaragüense, “guatuzero, embustero y burlesco”. El cuadro de Aróstegui de 81. 5 x 120 cm, de técnica mixta sobre madera, tiene como elementos plásticos los verde azules volcanes y un hermoso cielo azul, sin contaminación.

Para Carlos Montengero, “los primeros en hacer algunos dibujos y tratar como elemento estético, la obra de El Güegüense y sus personajes, fueron el poeta Pablo Antonio Cuadra y el pintor Alejandro Canales, ambos en la técnica del dibujo en trazos rápidos y simples”.

Le siguieron “Omar D’León, Alberto Ycaza, Alejandro Aróstegui, Leoncio Sáenz entre otros que expusieron en Tague, en aquel momento dirigido por Mercedes Gordillo y organizadora de la exposición. Todos pintaron imágenes alusivas a la obra de El Güegüense” recuerda el pintor.

Montenegro dice que esta exposición lo impactó sensiblemente motivándolo a investigar las raíces de lo que él considera “la nicaraguanidad”, la que ha dibujado por medio de las leyendas, casas, calles y sus gentes.

Otro de los pioneros en este genero artístico fue el pintor indigenista, Leoncio Sáenz, adquiriendo así una mayor plenitud pictórica, al lograr éste las primeras ejecuciones, con mayor tratamiento plástico y creativo. Vale apreciar Fiesta en Diriamba (óleo frotado sobre madera, 1976), expuesta ese año y parte de la colección de la Pinacoteca del Banco Central.

Al respecto, Leoncio Sáenz recuerda la exposición como días gloriosos, “días donde todos buscábamos representar lo nicaragüense y su tradición, la identidad de la que no se había pintado”.

Es válido resaltar que esta primera exposición cuestionó el abordaje de El Güegüense y lo planteó como un reto en la plástica nicaragüense, continuado en 1978 por Manuel García y César Caracas. Después la lista creció: Henry Aguilar, Emilio González, Oswaldo Cáceres, Gustavo Manzanares, Donald Navas, Reynaldo Hernández, Florencio Arthola, Sergio Serrano, Freddy Castellón y el escultor Noel Flores, de ellos es otro artículo pendiente.

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