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Cómo burlar la voluntad ciudadana
Eduardo Enríquez

Hay que reconocerlo, el candidato perpetuo del Frente Sandinista, don Daniel Ortega, se ha encargado de cubrir prácticamente todos los flancos para poder alcanzar el poder.

El hecho de no tener el apoyo de la mayoría de la población no lo ha detenido, tampoco le preocupa que cuenta con el rechazo total del 50 por ciento de los nicaragüenses que según las encuestas dicen que “nunca” votarían por él.

Sin embargo, la más reciente encuesta de la firma Cid Gallup, que fue contratada por las 11 cámaras del Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, indica que con un nivel tradicional de abstencionismo del 15 por ciento, Ortega, que en la encuesta saca 32.5 por ciento de intención de voto, ya tomando en cuenta la abstención llegaría al 38 por ciento, y su más cercano contrincante, el liberal disidente Eduardo Montealegre, tiene 21.1 y llegaría a poco más de 24 por ciento con el abstencionismo.

Además, en caso se dé una votación masiva y la gente decida darle “utilidad” a su voto, el Frente tiene el control total del Consejo Supremo Electoral.

¿Cómo logra Ortega esto? Varios factores que tuvieron que ser bien planificados desde hace mucho tiempo. Primero, él sabe que cuenta con un voto duro incondicional que ronda lo que ha alcanzado estos días, entre el 30 y el 32 por ciento.

Segundo, convenció a Arnoldo Alemán que a cambio de darle inmunidad en la Asamblea, regalándole constitucionalmente un escaño, éste aceptara bajar el porcentaje para ganar, al 35 por ciento.

Tercero, aunque el CSE estaba dividido en partes iguales y el fiel de la balanza era el magistrado de la Iglesia, Roberto Rivas. Sin embargo, Ortega encontró la manera de “convencer”, “persuadir” a Rivas y a su padrino el cardenal Miguel Obando, para que ahora se cuenten entre sus más ardientes partidarios y así controla la cúpula del CSE.

Cuarto, logró crear de la nada al Partido Alternativa por el Cambio, que a pesar de contar con menos del medio por ciento de la intención de voto, recibió una gran parte de los segundos miembros de las Juntas Receptoras de Votos. Por ley, en todas las JRV el presidente es del PLC y el primer miembro del FSLN o viceversa; al darle una gran cantidad de segundos miembros a AC, en esas juntas el partido de Montealegre y el de Jarquín sólo contarán con sus fiscales, mientras los fiscales del Frente y el PLC contarán con el respaldo de sus partidarios en la JRV.

Quinto, el PLC está interesado en destruir a Montealegre, no en ganar, y en las últimas semanas ha asumido una estrategia para confundir al electorado.

Y sexto, con todo el CSE bajo control, las impugnaciones necesarias para ganar las elecciones están garantizadas de favorecer a Ortega. O sea Granada en el 2004, otra vez.

Sin duda esto es magistral como estrategia para burlar la voluntad ciudadana que está mayoritariamente en contra del Frente Sandinista y Ortega.

¿Cómo puede ganar la democracia en estas circunstancias? Con el poder de uno. Con que la gente se dé cuenta de lo que vale su voto. Que salga a votar masivamente para que el próximo Presidente salga electo con suficiente respaldo, al menos 45 por ciento de los votos o más, y no con un magro 35.1 ó 37 por ciento.

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