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Idomeneo castrado
Luis Sánchez Sancho

Cuando supe que en Berlín habían censurado la ópera Idomeneo, de Mozart, me pregunté: ¿En qué mundo y época vivimos que hasta en una ciudad tan culta como es la capital alemana, se censura una obra musical clásica motivada en la mitología griega?

Según se informó, la causa de que la dirección de la Ópera de Berlín decidiera suspender la presentación de Idomeneo, programada para representarse en noviembre próximo, fue la amenaza de musulmanes extremistas porque dicen que en dicha obra se ofende a Mahoma. Pero, ¿qué tiene que ver esa ópera de Mozart con Mahoma, si Idomeneo es un personaje de la mitología griega —muy anterior a la musulmana—, particularmente de la Guerra de Troya, y la única divinidad que se menciona en ella es Poseidón, el mítico dios de los mares?

Según la leyenda, Idomeneo era un rey de Creta que participó en la Guerra de Troya y al regresar a su patria su flota fue azotada por una terrible tempestad, desatada por Poseidón. Para aplacar la furia del dios de los mares, Idomeneo le ofreció sacrificar en su nombre a la primera persona que encontrara al llegar a Creta. Cesó entonces la tormenta, pero al llegar a la playa cretense lo primero que vio Idomeneo fue a Idamante, su hijo, a quien tuvo que matar para cumplir la promesa que hizo a Poseidón.

En la ópera de Mozart se cambia el argumento: Idomeneo se resiste a cumplir la promesa que hizo a Poseidón y éste, furioso, manda un monstruo marino a asolar las costas de Creta. Los sacerdotes exigen a Idomeneo que cumpla su promesa, para aplacar la furia de Poseidón. Sin embargo, Idamante, fortalecido con el poder invencible del amor que siente por Ilia (una bella princesa troyana que Idomeneo capturó en Troya y mandó como esclava a Creta), lucha contra el monstruo marino y lo mata. Y ante semejante hazaña, Poseidón libera a Idomeneo de su promesa.

Nada de eso tiene que ver con la fe islámica. Pero el productor operístico alemán, Hans Neuenfels, modificó el libreto original de la ópera de Mozart y, considerando que la leyenda de Idomeneo contiene un cuestionamiento de los hombres a los dioses, propone un mundo libre de divinidades de cualquier religión. Por eso es que en la nueva versión de la ópera —la que fue suspendida debido a las amenazas musulmanas— Poseidón, Buda, Jesucristo y Mahoma son decapitados y sus cabezas puestas en exhibición ante el público.

¿Es esto un irrespeto a las religiones, particularmente a la musulmana, cuyos seguidores son mucho más sensibles e irascibles que los de las otras religiones aludidas en la nueva versión de Idomeneo? Tal vez sí. Pero en la cultura occidental hay una tradición de irreverencia y al mismo tiempo de tolerancia, lo cual parece ser incompresible para otras culturas, particularmente la islámica.

En todo caso, es curioso que se haya censurado ahora la ópera Idomeneo y que se le convirtiera en uno de los ejes del debate sobre los límites de la libertad de expresión y de creación artística, porque es una ópera que casi no se representa debido a que la parte de Idamante fue compuesta por Mozart para voz de castrati, como se le llamaba a los cantantes a quienes castraban cuando eran niños con el fin de que conservaran un tipo de voz muy especial.

Es curioso, digo, porque la voz castrati no existe desde hace mucho tiempo en ninguna parte del mundo. Pero la intolerancia ha convertido a Idomeneo en una ópera castrada.

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