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La manipulación abortista
Max Padilla
El autor fue Ministro de la Familia

Las abortistas y sus médicos están protestando porque su multimillonario negocio se les puede acabar próximamente. Se han lucrado asesinando impunemente a indefensos bebés y explotando a sus madres encubriéndose con el aborto terapéutico durante muchos años. Para no perder más de C$60,000,000 anuales, han montado una campaña propagandística diseñada para confundir a la opinión pública.

Ya salió a luz que el aborto terapéutico es la excusa que les ha permitido practicar abortos por cualquier causa. Ahora están dando patadas de ahogado porque el pueblo nicaragüense ya no aguanta que continúen exterminando a cien bebés diariamente para el beneficio de unos pocos. Las encuestas de M&R Asociados muestran que más del 84 por ciento de los nicaragüenses pensamos que el aborto terapéutico debe ser penalizado.

Los proaborto están furibundos porque en una apoteósica marcha, unidos como verdaderos hermanos cristianos, católicos y evangélicos, nos hemos manifestado masivamente contra el procedimiento que descuartiza salvajemente a los niños nonatos. La marcha contra el aborto terapéutico ha sido declarada histórica no sólo por el mar de gente que acudimos sino porque presentamos 290,000 firmas pidiendo que se elimine el artículo del Código Penal que lo permite. Impusimos un récord nacional. Hemos demostrado que la unión hace la fuerza, ¡y qué fuerza! Los hemos puesto a temblar.

Lo que pedimos no es un asunto religioso. Pedimos que se pare una incuestionable injusticia. Sin embargo, los que se lucran con el aborto y sus tontos útiles, intentan desesperadamente descalificarnos y de anularnos objetando que porque practicamos una fe, no tenemos derecho a opinar en un Estado laico. Esta interpretación absurda del Estado laico implica una grave discriminación contra todo aquel que tiene una creencia religiosa. El 99.9 por ciento de los nicaragüenses somos cristianos. No dejamos de ser ciudadanos con voz y voto por el hecho de ser creyentes. La Constitución Política de la República no permite la discriminación por religión.

Nuestra marcha fue multitudinaria. La que las feministas montaron a favor del aborto terapéutico el 10 de octubre, fue de 30 mujeres. Ellas, con la prepotencia que les caracteriza, pretenden imponer sus criterios. Cínicamente hablan de democracia pero rechazan la voluntad de la enorme mayoría. Esto es porque ellas no son más que una minúscula minoría sin popularidad de ninguna clase y sin esperanza de aumentarla. No llegan ni al 0.01 por ciento de la población. El colmo es que se autoproclamen representantes de las mujeres sin haber sido elegidas por las nicaragüenses. Todo lo contrario, la mujer nicaragüense las repudia.

Las fuerzas del crimen organizado del aborto, respaldadas por los poderosos organismos internacionales con su fuerte maquinaria propagandística, han creado controversia con respecto al aborto. Han logrado engañar a algunos cuantos incautos. La mayoría no les cree. Mienten, mienten y siguen mintiendo, porque una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Insisten en que miles de mujeres van a morir. ¡Falso! En nuestro país los mejores y más prestigiosos médicos han declarado que no es necesario el aborto terapéutico, ya que la ciencia ha avanzado lo suficiente para salvar al binomio madre-hijo.

¿A quién vamos a creerle, a los médicos de renombre o a los que practican abortos? Con sólo verlos podemos analizar cuáles son los que tienen credibilidad. Además, el Código Penal ya contempla un eximente para el médico que intenta salvar la vida de la madre y que sin intención, al darle el tratamiento adecuado, causa la muerte del niño. Esto lo saben todos los médicos, aunque los abortistas engañan para que se mantenga la excepción del aborto terapéutico para seguir enriqueciéndose abortando libremente sin peligro de ir a la cárcel.

No caigamos en la trampa de los que se han ensañado contra los más vulnerables e inocentes. Exijamos a los diputados a que tomen acción antes de las elecciones para ver quiénes realmente están dispuestos a terminar con la masacre de bebés. Los cristianos unidos tenemos el poder para presionar y lograr que cese la matanza.

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