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El manager de los Yanquis, Joe Torre, junto al dueño del equipo, George Steinbrenner y el gerente general Brian Cashman. (LA PRENSA/ AP)
TORRE SALVA CABEZA
Pese a eliminación en los play offs
Edgard Tijerino M.
deportes@laprensa.com.ni
Muchos han fracasado

Después de ver perder en 1988 a aquellos impresionantes Atléticos de Oakland frente a los cojeantes Dodgers de Los Ángeles, ¿qué puede ser sorprendente en la postemporada?

Se apagaron las luces en Broadway, Nueva York se descarriló emocionalmente, pero el mundo sigue andando mientras los Yanquis barajan nombres entre los agentes libres.

Qué bueno sería para nosotros que buscaran a Vicente Padilla.

Los Yanquis fueron construidos a billetazo limpio para ganar, y Joe Torre, con ese material, fue el manager más ganador de la Liga Americana, con una ventaja de 10 juegos sobre Boston, algo considerado improbable antes de la barrida de 5 juegos sobre los temibles rivales que provocó asombro.

Los Yanquis, que no batearon oportunamente ni fueron lo necesariamente profundos con su pitcheo abridor, y carecieron de taponeo consistente, terminaron eliminados por los cada vez más sorprendentes Tigres de Detroit, en cuatro juegos.

De inmediato, el periodismo de Nueva York, como si respondiera al pensamiento de Robespierre, colocó la cabeza de Torre debajo de la cuchilla.

Piensen un rato en esto: los Tigres fueron barridos por el débil equipo de Kansas mientras perdían sus últimos cinco juegos de la temporada y nadie pensó que el timonel Jim Leyland debería ser reemplazado para la postemporada.

El problema es cuando esos derrumbes ocurren precisamente en la postemporada, sobre todo en los primeros play offs, limitados a cinco juegos. Fíjense, Kenny Rogers fue bombardeado por Toronto y por Kansas en sus dos últimas actuaciones, pero congeló la agresividad de los Yanquis y se convirtió en una de las figuras cumbres.

Hasta Ty Cobb se hundió en una Serie Mundial y Ted Williams fue reducido a sólo 200 puntos en su único clásico. Claro, lo de Alex Rodríguez, muy parecido a lo de Barry Bonds antes que el artillero de los Gigantes realizara aquella inútil explosión contra los Ángeles, es ciertamente alarmante. El pelotero de los 25 millones, da la impresión de ser una estafa en la postemporada, y Steibrenner se siente rabioso cada vez que lo ve fallar.

Rodríguez no estuvo solo. Con excepción de Jeter, los bateadores cumbres, permanecieron ocultos, con una inutilidad escalofriante. Millones y millones de dólares se vieron quemados en el cajón de bateo. Y qué decir de un pitcheo viejo, inefectivo y con urgente necesidad de ser sometido a bruscas transformaciones.

¿Por qué culpar a Torre, ganador de 97 juegos como los Mets, de ese naufragio? Él no tiene la responsabilidad del capitán Smith, quien destrozó el Titanic. Claro, una vez pasada la tormenta, se reflexiona un poco, y aunque el New York Times y el New York Port mantienen a Torre sentado en la butaca caliente, Steinbrenner ha dejado de rascarse la cabeza y piensa que Torre podría seguir al frente de la tropa.

Dos de los pilares fundamentales de los Yanquis, Derek Jeter y Mariano Rivera, han respaldado a Joe Torre, conscientes de que no es el culpable.

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