II de III Entregas
El árbol 501 de madera Santa María tenía 40 años de ser inquilino de los bosques de Sirikwas, que forma parte de la comunidad de Layasiksa, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Ya tenía nueve metros de altura y logré contar por los menos unos 15 retoños gestados a su alrededor. Pero estaba marcado con un número, el 501, y eso significa que tendría que ser sacrificado para bienestar de sus pequeños “hijos” y de los comunitarios de Layasiksa.
Una hora de caminata en el fango de la montaña me pone al frente del árbol 501. Veinte minutos después, la poderosa motosierra manejada por el miskito Cornelio Conrado empezaba a perforar la base del árbol para su derribamiento. ¿Qué pasó en esos 20 minutos desde que llegamos hasta que empezó la tala del árbol 501, cuando sólo es cuestión de accionar una motosierra y empezar a cortar? Pues se decidió como salvar la mayor cantidad de nuevos árboles de Santa María con la caída del 501.
La tala controlada hace del corte de árbol toda una técnica artística. Se tiene primero que determinar hacia qué lado tiene que caer el árbol, para que no aplaste a los nuevos retoños. Decidir hacia qué lado caerá el árbol va a definir el tipo de corte que hará Conrado con la motosierra.
BUSCANDO EL SOL
Luego se tiene que estimar cómo va a quedar la apertura a la cubierta de hojas y ramas que crean los frondosos árboles que crecen en esta zona. Esta apertura permitirá la entrada de la luz solar necesaria para que los retoños crezcan con todo el vigor de sus antecesores. El agua no es problema en esta zona, donde toda la tierra se mantiene húmeda o fangosa. La dificultad es con el sol, clave para el proceso de fotosíntesis que necesitan las plantas para crecer y cuya luz enralece mientras uno camina por estas montañas, debido al techo verde que pende sobre nuestras cabezas.
Otro factor que condenó al 501 fue el hecho de estar enfermo. Estaba siendo carcomido por dentro, como un cáncer, en este caso, provocado por los comejenes.
“Si este árbol no fuera aprovechado hoy, dentro de 20 años hubiera estado enfermo completamente y no serviría para nada. Lo que es peor hubiera contaminado a los retoños que hay alrededor y el daño hubiera sido peor”, comentó Freddy Ramírez, especialista en manejo forestal del Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), una de las principales promotoras de la tala controlada como método para preservar los bosques.
¡FUERA ABAJO!
El derribamiento duró menos que todo el preámbulo. Diez minutos después Conrado caminaba victorioso sobre los nueve metros del 501. Fue una caída perfecta, cumpliendo con todos los objetivos esperados. El único problema fue para los foráneos como nosotros, ya que el árbol cayó justo en el camino por el cual venimos, así que para regresarnos nos va a tocar abrirnos en el bosque a golpe de machete por unos minutos.
Esa labor le tocaría a los miskitos que nos acompañan, porque definitivamente el arte de la grabadora y la libreta no tiene ninguna similitud con el arte del golpe de machete. o es fácil, con el calor húmedo reinante. Pienso en un momento en esas mentiras de Hollywood, como las del aventurero Indiana Jones corriendo por las selvas brasileñas con una chaqueta de cuero encima. Con un calor como éste, no aguantaría mucho, más aún saltando sobre trampas y golpeando villanos.
TALA CONTROLADA
La caída del 501 es sólo un ejemplo de lo que se pretende con la tala controlada. El número, que primeramente estaba clavado en el tronco, ahora se coloca en la raíz del árbol cortado. En el tronco, significaba que el árbol había sido elegido para su aprovechamiento. En la raíz, servirá como un registro para el control tanto de los mismos comunitarios, como de la WWF y principalmente del Instituto Nacional Forestal (Inafor) cuando éste realice sus inspecciones, que no son tan seguidas como deberían de ser.
El árbol estará en el suelo por unos días y posteriormente será halado, en este caso en particular, por la fuerza de una yunta de bueyes, hasta una trocha cercana, en el que será colocado en un camión que lo llevará hasta el aserradero de la empresa comunitaria Cooperativa Agroforestal Kiwantigni, propiedad de la comunidad de Layasiksa.
El promedio de cortes de árboles con el sistema racional es de cuatro por hectárea. En el bosque de Sirikwas se han cortado 31 en lo que va del año. Entre éstos, el 501 que vimos caer.
Luego de haber detenido con sangre y fuego el problema de las invasiones en sus tierras en el 2004, Layasiksa ahora se enfrenta a nuevos retos.
LOS EFECTOS DE LA VEDA FORESTAL
El Decreto de Emergencia Económica emitido por el presidente Enrique Bolaños el 4 de mayo pasado provocó que seis mil dólares en tucas de madera (unos 900 metros cúbicos) quedarán tirados en la montaña, debido a la prohibición total impuesta por el Gobierno a través de esta medida. Esa madera, para los comunitarios de Layasiksa, ya está perdida debido a los estragos de la lluvia.
“Nosotros preferimos quemar esa madera que entregársela al Gobierno para que la subaste a quienes ellos quieran”, afirma Rufino Johnson, síndico (líder) de la comunidad de Layasiksa.
El decreto fue anulado después, con la entrada en vigencia de la Ley de Veda Forestal aprobada por la Asamblea Nacional el 7 de junio pasado. Este prohíbe la exportación de maderas en rollo (tucas), timbre (láminas) y aserrada de cualquier especie forestal que provenga de bosques naturales. Solamente es permitido exportar madera procesada y transformada en muebles, puertas, piezas para ensamble y plywood.
Los miskitos de Layasiksa han abierto un pequeño mercado para vender su madera aserrada en Managua, y también a la empresa maderera Prada, una de las dos únicas en el país que producen plywood y cuyas instalaciones se encuentran en las inmediaciones del poblado de Rosita.
Sin embargo, los miskitos de Layasiksa apostaban a la venta en el mercado internacional de madera aserrada, ya que al ser certificada (un distintivo que garantiza que la madera es extraída con métodos sostenibles), es pagada a mejor precio que la madera extraída de forma común.
“La Ley de Veda Forestal tiene buenas intenciones, pero no está planteada de la mejor manera, ya que están afectando a empresas comunitarias como éstas que trabajan la madera que extraen de forma sostenible y controlada”, comentó Freddy Ramírez.
MADERA CERTIFICADA
Layasiksa ha logrado una certificación maderera aprobada por el FSC (Consejo Mundial Forestal, por sus siglas en inglés). El FSC no es una instancia que certifica sistemas de extracción de madera o productos forestales, sino que son otras entidades aprobadas por el FSC, las que dan el visto bueno a los sistemas de extracción utilizados, los que posteriormente son reconocidos por esta instancia mundial.
El precio de la madera certificada es de setenta centavos dólar el pie tablar. Sin embargo, cuando la madera certificada se entrega aserrada, pudiera cotizarse principalmente en el mercado internacional hasta en 400 dólares el metro cúbico (424 pies tablares). La comunidad de Layasiksa estima ganancias de por lo menos 20 mil dólares para este año. Los comunitarios estimaban obtener el doble, pero no contaban con los contratiempos causados por la Ley de Veda Forestal.
Los comunitarios consideran que el problema de la deforestación del bosque, causada principalmente por la tala de madereros que operan de forma ilegal, se pudiera enfrentar mejor con un mayor monitoreo y vigilancia de las autoridades, que por medio de las restricciones impuestas por la Ley de Veda Forestal.
“Lo que sucede es que las autoridades ven el monitoreo forestal como un gasto, y no procuran ser más rigurosos con eso. Eso cuidaría mejor nuestros bosques. Lo aprobado por los diputados (de la Asamblea Nacional) fue a la ligera y no tomó en cuenta cómo están afectando económicamente a la comunidad que trabaja la madera de forma sostenible”, comentó Oswaldo Tierrero, consultor forestal que trabaja para el proyecto de aprovechamiento maderero en Layasiksa.
MAYORES COSTOS
El golpe económico para los comunitarios obligado por la Ley de Veda Forestal radica en que para poder vender en el mercado internacional tienen que realizar inversiones tanto en equipo como en capacitación para el personal.
“Solamente la compra de un horno para el secado de la madera tiene un costo de unos 50 a 60 mil dólares, más la inversión que hay que hacer para otra maquinaria necesaria para la segunda transformación de la madera. Hay que buscar cómo hacer estas inversiones y capacitaciones para amortiguar el impacto de la Ley de Veda Forestal”, explicó Ramírez.
Los comunitarios, con la asesoría de la WWF, ya habían establecido contactos con un comprador de Estados Unidos. Esto tuvo que hacerse a un lado ante el repentino cambio en las reglas del juego provocado por la Ley de Veda Forestal. Actualmente sólo están apostando al mercado nacional, que se encuentra un poco reacio a la adquisición de madera certificada, tomando en cuenta que ésta es más costosa.
Layasiksa, sin embargo, no se deja amedrentar por esto. Los comunitarios tienen la esperanza que futuros cabildeos con los diputados puedan revertir las cadenas de la Ley de Veda Forestal, la cual no critican, porque son conscientes de la riqueza de su bosque. Lo han defendido a sangre y fuego. Se han perdido vidas en estos conflictos.
“Aquí si la autoridad no la pone el Gobierno, entonces vamos a tener que ponerla nosotros. Mira que por algo nadie se nos ha vuelto a meter a las tierras desde que hubo aquella balacera”, me cuenta un miskito que carga su rifle calibre 22, y se encuentra al lado mío, viendo cómo se desploman los 40 años de vida del árbol 501 de Santa María, en una calurosa tarde del miércoles 20 de septiembre del 2006, para los registros de la madre Naturaleza.