El mal de grisi siknis es un síndrome ancestral de sugestión colectiva, por lo que la cura también debe darse dentro de ese mundo mágico. /LA PRENSA/ Archivo
Otro brote de grisi siknis
El nuevo brote lo vive la comunidad Walakitan, donde ha atacado principalmente a adolescentes de ambos sexos
Hasta ahora se contabilizan 11 afectados, según datos del Silais
Silvia González SilesCorresponsal/ Jinotega
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Locura colectiva

Corren sin rumbo fijo. Unas veces solos, otras en grupo, y casi siempre armados de palos y machetes, destrozando todo lo que encuentran a su paso y atacando incluso a las personas.
A eso se le llama “grisi siknis” (del inglés “crazy sickness”, o locura), y es una enfermedad que afecta con cada vez mayor frecuencia a los indígenas miskitos de la Costa Atlántica nicaragüense. Para la población autóctona, los ataques de histeria individuales y colectivos son producto de hechizos o maleficios. Las crisis duran de 45 a 90 minutos, y se pueden presentar casos de agresividad extrema hacia otros seres humanos o autoagresividad, aunque hasta la fecha no se reportan casos de muerte ni entre los que se autoflagelan ni entre los eventualmente atacados. Los médicos han dicho que el problema se debe enfocar desde el punto de vista antropológico y cultural. Entre los esquimales se le conoce como ‘pibloktop’; en las tribus de los navajos norteamericanos le llaman “embrujo frenético”.

La “locura o histeria colectiva” mejor conocida como grisi siknis, regresó a la zona miskita de la ribera del río Coco, municipio de Wiwilí, en el departamento de Jinotega.

Luego de conocerse de un nuevo brote en la comunidad Walakitan, según lo confirmó el doctor Ricardo Reyes, subdirector departamental del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais).

Hasta el momento se conoce que el número de personas afectadas es mayor de 11, la mayoría son adolescentes de ambos sexos.

“Prácticamente es menor la cantidad de personas esta vez que la que estuvo perturbada anteriormente, aunque los líderes de esas comunidades han comunicado que los nuevos enfermos están siendo controlados por un curandero de la zona”, informó el doctor Reyes.

TAMBIÉN EN AGOSTO

En el mes de agosto del corriente año, el Ministerio de Salud (Minsa) registró un brote con mayor cantidad de afectados en la zona de Amaka, municipio San José de Bocay.

En ese momento se contrataron los servicios de la curandera Nelly Sacarías, a quien por sus servicios el Silais le pagó 20 mil córdobas, pero el total de los costos invertidos para controlar esta enfermedad ascendieron a unos 90 mil córdobas, según recordó el subdirector departamental del Silais.

Sin embargo, hace una semana volvieron a tener información de que otro brote se registraba en otra zona miskita, por lo que se dispuso a movilizar una brigada de médicos desde este martes para hacer los contactos con personas que controlan la enfermedad.

EL COSTO DEL BROTE

Se prevé que para hacerle frente a este nuevo brote de histeria colectiva, se invertirán entre 40 mil y 50 mil córdobas, para cubrir los costos de los viajes a la zona, viáticos del personal de Salud, incluyendo los materiales que se utilizan para los rituales y el pago del curandero.

Actualmente el Minsa en Jinotega no cuenta con un presupuesto adicional para atender este tipo de emergencia, por lo que el Minsa central deberá cubrir los costos para volver a la normalidad a las personas afectadas.

MÁGICO RELIGIOSO

Para el doctor Ricardo Reyes, el mal de grisi siknis es un síndrome ancestral de sugestión colectiva o algo que tiene que ver con lo mágico religioso, por lo que el problema debe ser abordado multisectorial con la medicina occidental y lo mágico religioso de cada una de las comunidades.

Según el doctor, este síndrome tiene un origen mágico. Entre la comunidad se propaga la noticia de que alguien hizo algún mal o brujería y esta idea crea un gran miedo entre las personas adolescentes.

“Si observamos este caso en Walakitan, hemos detectado que las embrujadas son mujeres y hombres entre los 13 y 18 años. Es decir, casi todos adolescentes. En esa edad se cree con más fuerza todo lo que se oye”.

Agrega que “no está relacionado a nada de lo que se come o se bebe en la comunidad, no tiene que ver con drogas. Sencillamente obedece a un gigantesco miedo, que tuvo su origen en la idea de que alguien llegó a hacerles un mal allí”, explicó el médico psiquiatra.

Para el médico esta situación está casi controlada. “Es un mal que se adquiere de forma mágica y su cura está en un mundo igual de mágico, así es el mundo de los indígenas”, dijo.

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