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El silencio de Rumsfeld
Eduardo Enríquez

He escuchado a mucha gente, del lado de la derecha, claro, quejarse porque el señor Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos, no dijo una sola sílaba sobre el proceso electoral nicaragüense durante sus comparecencias públicas la semana pasada.

Rumsfeld vino a participar en la VII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, pero estando en período electoral y con Daniel Ortega a la cabeza en las encuestas, mucha gente esperaba que el “halcón” norteamericano viniera a despotricar contra Ortega. Después de todo sí lo hizo —hasta cierto punto— con Hugo Chávez, y aquél aprovechó la atención para llamarle “perro de la guerra”.

Además, el Departamento de Estado y la Embajada de Estados Unidos (que al fin son lo mismo) sí han sido muy beligerantes y abiertos a la hora de expresar sus opiniones sobre Ortega.

Sin embargo Rumsfeld fue bien prudente. “Tengo órdenes estrictas del Presidente de Estados Unidos de no inmiscuirme en la política de mi país, mucho menos que me inmiscuya en la política de Nicaragua”, repitió como un discurso bien aprendido cada vez que los periodistas tratamos de sacarle una declaración picante que nos diera un buen titular. Nada.

Pero, ¿qué significa el silencio de Rumsfeld? ¿falta de interés? Obviamente no. ¿Una victoria de Ortega no es algo que caiga en su esfera de acción? Tampoco. Si a lo que llaman el “eje” La Habana-Caracas-La Paz se le agrega Managua, Estados Unidos se vería obligado a poner más atención a la zona, sobre todo —por propia admisión de Rumsfeld— porque temen que las armas compradas al por mayor por Chávez terminen “en manos de grupos terroristas”.

La verdad, ¿qué más podría decir Rumsfeld de lo que ya los representantes de Estados Unidos han dicho?

Creo que lo importante no es lo que Rumsfeld haya podido decir o haya dejado de decir en Nicaragua, lo importante es lo que vio y escuchó mientras estuvo aquí. Debemos recordar que este hombre está entre las tres personas en quienes el presidente George W. Bush más confía, los otros dos probablemente son la secretaria de Estado, Condoleezza Rice y el vicepresidente Dick Cheney.

Este señor estuvo tres días en Nicaragua. Habló con bastante gente. Tuvo una reunión privada con el ministro de Defensa y una larga reunión con el presidente Bolaños y varios miembros de su equipo, con ellos no habló del volcán Masaya.

De lo que sí podemos estar seguros es que entre las cosas que hablará con Bush está lo que vio y oyó en Nicaragua sobre Nicaragua y su futuro inmediato.

Ahora, que si lo que conversen va a llevarlos a tomar alguna decisión y si esa decisión va a tener algún efecto en las elecciones, pues no sé. Faltan menos de 30 días para que los nicaragüenses depositen su voto en las urnas, difícilmente creo que estos señores, por muy poderosos que sean, puedan hacer algo a estas alturas para cambiar las cosas.

Pero eso, después de todo, está bien. ¿Por qué tenemos los nicaragüenses que estar viendo hacia Estados Unidos, o hacia Cuba, o hacia Venezuela, para que nos resuelvan nuestros problemas?

Rumsfeld no dijo nada porque no había nada que decir. Sabe todo lo que tiene que saber. Y lo que nos toca saber a nosotros es que el destino lo tenemos en nuestras manos, en esas boletas que nos darán el 5 de noviembre.

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