El título del presente escrito coincide con el de la obra más célebre de Ernest Hemingway. Coincide también con el título del último artículo que escribió José Benito Gaitán, mi abuelo, en la sección de Opinión de LA PRENSA (1988), semanas antes de morir. El espíritu que anima ambos trabajos se resume en los versos de John Donne: “Nadie es una isla, completo en sí mismo (…) la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Con estas líneas inicia la obra del escritor norteamericano, Premio Nobel y con ellas culmina el progenitor de mi madre en su columna.
Ahora, las campanas doblan en Nicaragua y resuenan en Centroamérica, instando a la concertación de voluntades: pronto se elegirán a las máximas autoridades del Estado. La campaña política de los partidos poco a poco está alcanzando su mayor nivel. Las promesas y compromisos están dondequiera. Las ofertas se escuchan, leen y ven continuamente en el ámbito mediático. Hay un tema que los candidatos no pueden eludir, “cómo dar continuidad al proceso de modernización de la justicia”. Respetando el principio de división de poderes, las próximas autoridades tienen el compromiso de realizar acciones a favor de este tema, en el cual los nicaragüenses han venido dando pasos firmes desde el año 1990.
Es importante realizar esfuerzos de orden legislativo en dos campos. Por un lado, en la reglamentación de la Ley de Carrera Judicial para que los jueces y magistrados sean seleccionados por capacidad y mérito, mediante procesos transparentes y públicos. Es momento de que pase a la historia la selección de autoridades jurisdiccionales por criterios ajenos a la esencia y razón de ser del Poder Judicial propio de un Estado de Derecho. Asimismo, este paso representa una oportunidad para que Nicaragua goce de una justicia transparente y cercana al ciudadano, como dijo el destacado jurista Luis Paulino Mora Mora, en la Semana en pro de la Independencia Judicial y la Confianza en la Justicia, celebrada recientemente en nuestro país.
También es inaplazable, para dar continuidad al proceso de modernización de la justicia penal, que el Poder Legislativo apruebe el dictamen del proyecto de Código Penal del 2003. Se trata de contar con una ley que proteja de una mejor forma los derechos individuales y colectivos de los nicaragüenses. El avance de la tecnología, las nuevas formas de cometer delitos, la evolución de la doctrina del derecho penal, en fin, la realidad exige, con voz alta y sonora, que se apruebe un nuevo Código.
Por otro lado, los planes de gobierno deberían contemplar, o más bien propiciar acciones desde la sociedad civil y el desempeño eficiente de las instituciones del sistema de justicia. Las instituciones y la sociedad no pueden tener una dinámica de desatención mutua, vivir de espaldas o tener alianzas o espacios de comunicación efímeros. El Estado de Derecho concibe a la sociedad como protagonista, en conjunto con las instituciones, de procesos de cambios. No dejemos, como dice el escritor Juan Goytisolo, que las pequeñas conquistas de la razón sean fácilmente barridas por la sinrazón. El proceso electoral es un espacio para decidir dar continuidad a los esfuerzos realizados en el tema de la justicia.
Hacer conciencia de la importancia que tiene el cabal funcionamiento de la administración de justicia en un Estado de Derecho e impulsar cambios concretos (normativos e institucionales) es una labor que tiene un impacto trascendental en la causa de la convivencia pacífica y próspera en sociedad, asimismo, en el tema de los derechos humanos.
Las campanas doblan por ti, por mí, por el pueblo de Nicaragua, por los pueblos de Centroamérica. Piden por una justicia ágil, eficiente, transparente y acorde con la dignidad humana. Nadie es una isla, como dice Donne, somos parte de una sociedad con aspiraciones de progreso y desarrollo.