La Asociación Cultural El Güegüense o Macho Ratón, de Diriamba, se pronunció esta semana para defender el derecho que tiene este municipio sobre la obra El Güegüense, misma que ahora está en clara disputa entre los que la han bailado durante 350 años y aquellos que la han estudiado.
El nombramiento que le dio la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el 25 de noviembre del año pasado, como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, que luego fue ratificado por la Asamblea Nacional, al determinar que Diriamba es la cuna de El Güegüense, también significó el reconocimiento a los bailantes de Diriamba y a los padrinos del baile, los que han mantenido viva esa expresión cultural, pagando promesas al santo patrono San Sebastián, por siglos, sorteando miles de dificultades y pobrezas.
Marvin Alemán, vicepresidente de la Asociación Cultural El Güegüense, manifestó que desde que se reconoció la obra por la Unesco han surgido muchos intereses personales para apropiársela, porque hay dinero de por medio. Dijo que penosamente estas personas la única relación que han tenido con la obra es de estudio, pero están muy lejos de vivir la pasión y la devoción que siente un pueblo creyente y fiel a su idiosincrasia.
INTERESES DE POR MEDIO
Señaló que hay intereses de desvincular la obra de Diriamba para llevarse los derechos hacia Masaya, supuestamente de personas afines al gobierno y con raíces en ese departamento. “Por qué quitarle el mérito a la gente que por 350 años ha bailado esta expresión cultural”, dijo Alemán.
El directivo cultural explicó que la pureza de la obra se mantiene en Diriamba, no en poblados de Masaya, “donde ni siquiera se baila en las procesiones, ni el vestuario es parecido al de Diriamba. Aquí la obra se mantiene intacta, al inicio era indígena y aún se baila así, otra cosa, aquí en Diriamba tenían el templo los indígenas”, recalcó.
El baile de calle que recrea esta expresión en las fiestas patronales de Diriamba desde siglos, precisamente entra a la Basílica Menor de San Sebastián cuando salen los curas, lo que significa un mensaje puro de rebeldía de los indígenas contra los españoles, explicó Marvin Alemán.
“Hubo un pacto entre la Iglesia y los indígenas en el año 1750 aproximadamente, donde se da un sincretismo religioso y la Iglesia acepta que los indígenas sigan su tradición a cambio de adorar a San Sebastián que es un mártir”, refiere Alemán, quien explica que la tradición aún se conserva en Diriamba con la diferencia de que ahora hay fe y mucho fervor religioso.
Explicó que otra de las manifestaciones que mantienen intactas es la forma en cómo entra el baile al templo. “La danza es una representación de la serpiente emplumada, porque avanza haciendo ondulaciones”, dijo Alemán, quien insiste en decir que eso sólo existe en Diriamba.
EXCLUIDOS
Luvy Rappaccioli Navas, de la Asociación Cultural El Güegüense, dijo que ésta la forman varias personas, entre ellos el padre Gustavo Zúñiga, párroco de la Basílica de San Sebastián, quien es el presidente.
Indicó que trabajan para mantener la obra, pese a que se sienten excluidos por el Instituto Nicaragüense de Cultura, (INC). Según dijo, en el reciente diplomado que se ejecutó en una universidad hace pocos meses, no habían incluido a Diriamba, sino que fue hasta que mandaron una petición firmada por el padre Zúñiga que al fin los tomaron en cuenta, porque sólo estaban invitados de Masaya y Granada.
Rappaccioli se quejó de personas que llegan a Diriamba y dan a hacer máscaras y trajes y luego dicen que son de Masaya. “Se aprovechan de la pobreza de la gente, para llevarse un patrimonio nuestro”, dijo.