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Ante la presión del partido y la opinión pública, el congresista republicano Mark Foley debió renunciar y será investigado por una comisión de Ética parlamentaria. (LA PRENSA/AP)
Escándalo sexual socava a Bush
Polémica por las insinuaciones sexuales de un congresista republicano desvía la atención del mensaje electoral de Bush y su partido
Demócratas suben en sondeos
Laurent Lozano
WASHINGTON/AFP
Demócratas toman ventaja

Los demócratas están alcanzando una ventaja decisiva en las encuestas de intención de voto para los comicios legislativos de noviembre en Estados Unidos, mientras el Partido Republicano del presidente George W. Bush lucha por superar un escándalo sexual en el Congreso.

Sin embargo, el presidente Bush entregó nuevamente su respaldo al presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Dennis Hastert, quien enfrenta pedidos de que renuncie por el mal manejo de la crisis por parte de los líderes del partido.

Sondeos de la revista Time y del diario USA Today divulgados este viernes indican que la oposición demócrata está tomando una ventaja decisiva hacia las elecciones del 7 de noviembre, en las que los estadounidenses elegirán una nueva Cámara de Representantes, un tercio del Senado y varios gobernadores.

Casi 80 por ciento de los 1,002 entrevistados en el sondeo de Time realizado esta semana tenía conocimiento del escándalo y creía que los líderes republicanos intentaron ocultar el caso, indicó la revista. El 25 por ciento dijo que el escándalo había hecho más improbable que vote por los republicanos. Entre los votantes registrados, 54 por ciento dijo que era más probable que sufragara por los demócratas y 39 por ciento por los republicanos.

Giro inesperado

A un mes de las elecciones, Bush no se priva de atacar directamente a los demócratas, a los que tilda de “débiles” contra el terrorismo. Pero el asesor presidencial Karl Rove, así como otros colaboradores de Bush no podían prever el escándalo Foley que relega “el mensaje de los republicanos” y del presidente, que fue desplazado de las primeras planas en los periódicos, opinó el experto Eric Davis. “Esto va a desalentar a algunos conservadores que forman una parte de la base del Partido Republicano”, opinó el analista Larry Sabato.

El escándalo provocado por las insinuaciones sexuales de un legislador republicano con adolescentes en el Congreso relegó a un segundo lugar la campaña del presidente George W. Bush para convencer a los estadounidenses de que estarán más seguros si votan por un republicano en las legislativas.

De aquí a las elecciones legislativas del 7 de noviembre, Bush prevé recorrer el país para deliberar un único mensaje: cinco años después de los atentados del 11 de septiembre, que acaban de ser conmemorados, Estados Unidos es un país más seguro y así debe continuar. Pero para ello, los conservadores republicanos deben permanecer en el Congreso.

Pero la estrategia minuciosamente orquestada por la Casa Blanca sufre los embates de un escándalo sexual, con revelaciones cada día más inquietantes, protagonizado por el ex legislador republicano Mark Foley.

El jueves la comisión de Ética de la Cámara de Representantes anunció la apertura de una investigación sobre el escándalo sexual que golpea duramente a las filas republicanas.

Larry Sabato, experto político de la Universidad de Virginia, define el escándalo como el “regalo” hecho a los demócratas “en el peor momento posible” para los republicanos y Bush: “Lo último que seguramente pretendían (los republicanos) en octubre era hablar de un escándalo sexual”.

Mark Foley dimitió el viernes pasado luego de que salió a la luz pública unos mensajes que él envió a pasantes del Congreso con incitaciones sexuales. Pese a que su abogado aseguró que no hubo ningún tipo de contacto con los jóvenes, cada día se revelan detalles más escabrosos del asunto, protagonizado por un legislador que había hecho de la lucha contra el abuso sexual contra menores su caballito de batalla.

Las presuntas andanzas de un legislador tomaron un matiz más oscuro cuando varios medios de prensa y políticos comenzaron a apuntar su mirada hacia el presidente republicano de la Cámara: ¿Acaso él no sabía nada del asunto o intentó esconder la verdad?

“En un sentido, podríamos decir que esto desvía oportunamente la atención del libro de (el periodista Bob) Woodward”, ironizó el experto Stephen Hess, del Instituto Brookings.

“Incluso la obra tan crítica del influyente periodista Bod Woodward quedó eclipsada por el escándalo Foley”, subrayó.

Aunque condenan estos mensajes, los líderes demócratas se han mantenido al margen de la controversia, optando por dejar que el foco se centre en los problemas de los republicanos.

“Hay un viejo axioma en política: nunca interfieras con tus oponentes cuando están en proceso de suicidarse”, dijo Larry Sabato, experto en política de la Universidad de Virginia.

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