El Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, aclaró en un reciente discurso que pronunció ante la Asociación de Oficiales Retirados de EE.UU., que no es cierto que el terrorismo es engendrado o fortalecido por la lucha contra el terrorismo. Esta afirmación del presidente Bush fue su reacción a una creciente opinión pública en el sentido de que la guerra contra el terrorismo —la campaña militar contra el terrorismo internacional que libra Estados Unidos luego de los atentados contra las Torres Gemelas de New York y el Pentágono, el 11 de septiembre 2001, apoyada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)— ha traído más males que bienes y que, por lo tanto, hay que dejar tranquilos a los terroristas para que ellos también dejen tranquilo al mundo occidental, particularmente a los norteamericanos.
Estados Unidos invadió Afganistán en el 2001 ante la negativa del régimen talibán de entregar al terrorista Osama Bin Laden, ligado con los ataques a New York y Washington. Y aunque desde el punto de vista militar la invasión a Afganistán fue un éxito rotundo, Bin Laden no fue capturado y hasta la fecha se desconoce su paradero, si es que aún vive.
Luego, el presidente Bush ubicó a Irak en el llamado “eje del mal” —o sea los países que apoyan y fomentan el terrorismo— y, en el 2003, amparado en la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 8 de noviembre del 2002 y con el apoyo de Inglaterra, España, Portugal, Italia y otros países, llevó a cabo la invasión de ese país. La resolución 1441 decía que Irak había incumplido varias resoluciones de la ONU y que, además, contaba con armas de destrucción masiva y misiles de largo alcance, lo cual representaban una grave amenaza para la paz mundial. Luego de la invasión, Saddam Hussein fue capturado y actualmente es procesado por crímenes de lesa humanidad, mientras que en Irak se ha establecido un gobierno electo democráticamente.
Sin embargo, los terroristas no han podido ser vencidos, todavía. Además, Irak ha sido convertido en un infierno a donde llegan combatientes musulmanes de diferentes nacionalidades para luchar contra Estados Unidos y el gobierno democrático iraquí. De hecho, los terroristas han justificado sus ataques en diversas partes del mundo, con la presencia de los norteamericanos y sus aliados en Irak. Así que el terrorismo no ha sido eliminado y las molestias que causan las extremas medidas de seguridad en aeropuertos, estaciones de trenes y otros lugares estratégicos cansan y fastidian a los ciudadanos. Ante esta situación, muchos están diciendo que la guerra contra el terrorismo ha fracasado y que hay que llamar a retirada, que tal vez así los terroristas dejarán en paz a la humanidad y particularmente al occidente.
Pero nada más equivocado que este razonamiento. Pensar así es engañarse a sí mismos. El presidente Bush tiene razón cuando dice que el terrorismo no resulta de la lucha contra el terrorismo. El problema es mucho más complejo. Si EE.UU. y sus aliados ponen punto final a la guerra contra el terrorismo, los terroristas no van a dejar de atacar porque ya lo estaban haciendo antes del 11 de septiembre y antes de las invasiones a Afganistán e Irak. Dejar de combatir el terrorismo pensando que así se va a acabar es como dejar de combatir el mal pensando que, por el mismo hecho, éste va a desaparecer del mundo. El terrorismo es más antiguo que los Estados Unidos. El terrorismo es una visión deformada del mundo, una ideología a veces política y otras político-religiosa extremista y fanática, que justifica cualquier medio para tratar de imponer sus postulados. Es anarquismo, irrespeto por la vida y por los derechos humanos; es asesinato de indefensos, irracionalidad, crueldad, odio, insania, destrucción, resentimiento, cobardía, indecencia, impunidad.
El terrorismo es como un tumor canceroso que debe ser extirpado para que el cuerpo viva. Dejar de luchar contra él no va a hacer que desaparezca, sino todo lo contrario, lo va a fortalecer y a extender. La guerra global contra el terrorismo —como cualquier otra guerra— crea molestias e inconveniencias que a todos disgusta. Pero es el precio que hay que pagar para vivir en un mundo más seguro y más libre.