En la columna de la semana pasa-
da mencioné que Temis, la diosa griega de la justicia, fue madre de las Horas, quienes fueron engendradas por Zeus.
Las Horas eran tres: Irene (Paz), Eunomía (Orden) y Diké (Justicia). Pero en tiempos más remotos, durante la época de la sociedad primitiva griega, las Horas eran conocidas como Talo (Retoño), Auxo (Crecimiento) y Carpo (Fruta), lo cual se explica porque éstas eran deidades elementales que estaban ligadas con el ciclo de fertilidad de la tierra.
Originalmente las Horas representaban las estaciones del año, que para los más antiguos griegos eran únicamente tres. Más adelante, con el correr del tiempo las Horas pasaron a simbolizar las distintas partes del día, es decir, las horas tal como las conocemos y entendemos hasta ahora.
Algunas de las funciones que cumplían las Horas estaban vinculadas con los dioses del amor y la fertilidad. Las Horas criaron a Hera después de que Cronos, su padre, la devoró al nacer y luego la vomitó. Ellas recibieron a Afrodita, la diosa de la belleza femenina, del amor y el matrimonio, la que nació de las espumas del mar y fue conducida por Céfiro hacia la isla de Chipre, donde se le erigió su templo principal.
Las Horas compañaron a Dionisos (dios de la vegetación, del espíritu de la savia de las plantas, de la fecundidad de los animales, de las uvas y del vino, quien por cierto sobrevivió a un aborto de Sémele) cuando éste viajó a la India para enseñar a sus habitantes algunas de sus muchas sabidurías.
Una de la Horas recibía a Perséfone, la esposa de Plutón que vivía en las profundidades del mundo subterráneo, cuando ella venía a la tierra todos los años para dar comienzo a la primavera.
Las Horas también solían acompañar a Pan, dios de los bosques y de la fecundidad de la naturaleza, el que protegía los rebaños y representaba los impulsos sexuales del hombre.
Las Horas recibían todos los días, en el momento del crepúsculo, al carro de fuego en el que Apolo, el dios del Sol, cruzaba el cielo durante el día. Las Horas desenganchaban aquellos caballos maravillosos y los llevaban a donde debían pastar y descansar, en el Jardín de las Hespérides, el cual se encontraba en los confines occidentales del mundo y algunos creen que era allí donde estaba la fabulosa Atlántida, que desapareció de la faz de la tierra como consecuencia de un terrible cataclismo.
Según Homero, el insigne poeta ciego, supuesto autor de La Ilíada y La Odisea, las Horas se encargaban de cuidar las puertas del cielo y allí formaban y disolvían las nubes, según fuera que los dioses querían que lloviera o deseaban que se pudiera ver al Sol brillando en todo su esplendor.
Cuando las Horas dejaron de simbolizar la tres estaciones del año que se reconocían en la remota antigüedad griega, y pasaron a representar las horas del día, su número pasó también de tres a 12: Auge, la hora de la primera luz; Anatolia, hora del amanecer; Musia, hora matutina del estudio y la música; Gymnasia, hora del ejercicio físico; Nymphes, hora de los lavatorios; Mesembria, hora del mediodía; Sponde, hora de las libaciones después del almuerzo; Elete, hora de la oración y la primera del trabajo vespertino; Acte, segunda hora del trabajo de la tarde, de la comida y el placer; Hesperis, hora del atardecer; Dysis, hora del Ocaso; y Arktos, la hora de la última luz.