El concepto de aborto terapéutico en el nuevo Código Penal de Nicaragua, que existe desde hace más de ciento treinta años, en fecha próxima entra a debate en la Asamblea Nacional. Aprovechando el término terapéutico, algunos médicos y mujeres inescrupulosas por razones económicas y ególatras, con frecuencia consuman el oprobioso delito del aborto.
Sí, aborto terapéutico es el nombre que algunas mujeres, denigrando el privilegio natural de ser recipiente de vida escogido por Dios y contradiciendo sus mandatos, lo utilizan para matar a seres inocentes, a los que Él por su gracia había dispuesto darles vida, quizá para, en la diversidad de su creación, mejorarían incluso las condiciones necesarias para la subsistencia en nuestro planeta.
El aborto terapéutico fue aprobado cuando aún había muchas limitaciones y no habían los grandes adelantos médico-científicos actuales. Ciertos médicos lo han usado en la atención a complicados embarazos; y supuestamente para salvar a la madre, privaban de la vida a la nueva criatura gestada en su vientre. Todo ser gestado en el vientre materno, desde el instante en que recibe del Creador el don de la vida accede a todos los derechos divinos y humanos; y solo Dios que le ha dado la vida tiene derecho a quitarla a su debido tiempo. Así, conforme a su voluntad que en toda circunstancia es el bien, da la oportunidad al que le reconoce como Padre, que se identifique como su hijo.
Con los adelantos médicos científicos logrados desde hace varias décadas, se ha comprobado que para ningún caso de embarazo es necesario recurrir al oprobioso aborto. La Asociación Médica Nicaragüense dice: “Que no existe una situación, en la práctica médica actual donde la vida humana, desde el momento de la concepción deba ser intencionalmente destruida”.
Con razón se ha dicho que el aborto terapéutico es un asesinato legalizado. Podría decirse que es el más atroz de los asesinatos, ya que se efectúa con premeditación, alevosía y ventaja, contra un inocente ser que, teniendo todos los derechos habidos y por haber, es la más indefensa e inocente criatura a la que se le quita la existencia.
Es contraproducente que a esta altura del tiempo se mantenga la aberrante ley que autoriza el aborto mediante la falaz figura de terapéutico. La Constitución defiende el derecho natural de proteger la integridad física de todos los ciudadanos “máxime cuando la persona se encuentra en la etapa de su vida más indefensa, en el vientre materno”.
Las integrantes de las organizaciones feministas, nacionales e internacionales, que celosa y fanáticamente defienden tales aberraciones que trascienden al crimen y mancillan incluso la jurisprudencia, debieran darse cuenta que ellas mismas y los que aprueban la ley no existirían si antes de nacer hubiesen hecho con ellos lo que malévolamente, por deificación ególatra recomiendan.
Dios, que es infinitamente misericordioso y está siempre a la espera del regreso arrepentido de sus hijos pródigos, ilumine la mente y dé un claro raciocinio al despertar de la conciencia de todos sus hijos; y a la luz de su Santo Espíritu acatando sus mandatos, se rectifique la indebida aprobación, de manera específica, de la violación de su quinto mandamiento y aprendamos a vivir como Él ha querido.