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Ceremonia religiosa de oración por las víctimas en Leola, Pensilvania, cerca de Nickel Mines, donde ocurrió la masacre. (LA PRENSA/Mary Altaffer)
“Me odio a mí y odio a Dios”
Asesino de cinco niñas en EE.UU. fue afectado por la muerte de una hija prematura hace nueve años
Washington/ EFE, AFP
Un “trastornado”

"Se trataba de un hombre profundamente trastornado pero de una forma en que la gente no se daba cuenta... era cuestión de tiempo que fuera a cometer algo", indicó el inspector policial Jeffrey Miller.

Las niñas fallecidas tenían edades entre siete y trece años, mientras que las cinco supervivientes tienen entre seis y trece.

Roberts, quien según su familia tenía un comportamiento aparentemente normal, no tenía antecedentes penales, según la Policía.

Un periódico de la zona, el "Lancaster Era" reprodujo ayer unas palabras de la esposa de Roberts, Marie, en las que asegura que su marido era "cariñoso, solidario y muy atento. Tenía todo lo que uno quisiera y más".

El tiroteo de este lunes es el tercero en una semana en un colegio de EE.UU.

“Estoy lleno de odio hacia mí mismo y hacia Dios”, afirmó Charles Carl Roberts, el asesino de cinco niñas en una escuela rural de la comunidad amish de Pensilvania, en las cartas de despedida que escribió a su familia antes de la matanza.

Roberts, de 32 años, irrumpió este lunes en la casa-escuela de la comunidad amish —de tipo religioso protestante— de Bart Township, a un centenar de kilómetros de Filadelfia, ordenó la salida de los alumnos varones y de las maestras y después ató y alineó ante la pizarra a las niñas, a las que disparó en la cabeza, como si de una ejecución se tratara.

A continuación se suicidó. Planeaba abusar sexualmente de las niñas y confesó a su esposa poco antes de morir que se había aprovechado de niños pequeños hace 20 años, reveló el martes el jefe de la Policía de Pensilvania, Jeffrey Miller.

Al llamar a su esposa por teléfono celular, mientras mantenía a las niñas como rehenes en la escuela de Nickel Mines, el asesino le dijo: “No regreso a casa, y agregó que había agredido sexualmente a niños de la familia, que tenían 3 y 4 años, hace 20 años”, relató Miller.

Tres niñas murieron prácticamente en el acto, y otras dos en los hospitales donde habían sido ingresadas. Cinco más continúan en centros médicos, en diversos estados de gravedad.

El comandante Miller reveló ayer el contenido de algunas de las notas que Roberts dejó a modo de despedida, en las que este transportista alude, como motivo de sus actos, a la muerte hace nueve años de su hija Elise, que nació prematuramente y sólo vivió veinte minutos.

“Estoy lleno de odio hacia mí y hacia Dios, y de un vacío inimaginable que parece que cada vez que hago algo divertido pienso en que Elise no está aquí para compartirlo con nosotros, y vuelvo a la ira”, escribió Roberts.

“No sé cómo hacer frente a todos estos años. No te merezco, eres la mujer perfecta y mereces algo mucho mejor. Tenemos muchos recuerdos bonitos además de la tragedia de Elise. Esto cambió mi vida para siempre y no he vuelto a ser el mismo desde entonces, ya que me afectó de una manera que nunca pensé que fuera posible”, explicó Roberts en una de las misivas, dirigida a su mujer.

Además de escribir esas notas, el asesino llamó a su esposa momentos antes de perpetrar los hechos desde el colegio rural. En esa conversación le reveló que hace veinte años había abusado sexualmente de dos niñas de la familia, de tres y cuatro años. Este hecho no ha podido ser confirmado por la familia de Roberts, que alega desconocer de qué niñas se trata, según la Policía.

En otra nota que dejó en su casa, antes de dejar a sus tres hijos en otro colegio y perpetrar la matanza, el transportista aseguraba que tenía “sueños recurrentes de querer hacer lo mismo” y abusar de niñas.

Roberts se hizo fuerte en la escuela obstruyendo las puertas con tablones y cuando la Policía llegó, avisada por una de las profesoras, amenazó con disparar si los agentes no se marchaban en menos de un minuto.

Entonces abrió fuego y la Policía entró por las ventanas, a lo que el asesino respondió disparando en la nuca a las niñas.

Miller declaró en la rueda de prensa que Roberts podría haber pensado en abusar sexualmente de las diez alumnas.

En poder del asesino se hallaron dos tubos de crema lubricante, tablas de madera, cinta aislante, cables y tornillos que hacen pensar a las fuerzas de seguridad que las iba a atar para atormentarlas, según Miller.

Además, las fuerzas de seguridad han descartado que eligiera intencionadamente el hecho de que sus víctimas fueran amish y más bien eligió ese colegio porque representaba un blanco fácil.

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