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La VII Conferencia de Defensa
José Adán Guerra Pastora
El autor fue Ministro de Defensa de Nicaragua

En noviembre de 2004, durante la VI Conferen-

cia de Ministros de Defensa de las Américas, celebrada en Quito, Ecuador, Nicaragua fue electa sede por unanimidad de la siguiente edición de este importante foro hemisférico. Esta designación significó la culminación de múltiples gestiones que inicié como Jefe de Delegación dos años antes en Santiago, Chile, en el marco de la V reunión continental de ministros de la referida cartera.

Como me expresaron algunos homólogos del hemisferio en esa oportunidad, la elección de Nicaragua como anfitrión de este magno evento representa un justo y significativo reconocimiento al liderazgo y compromiso mostrado por nuestro país en la construcción de la paz y la transformación democrática de las instituciones del sector Defensa y Seguridad. Asimismo, la planificación y organización de una cumbre de naturaleza semejante, ofrecía una nueva oportunidad de continuar avanzando en el fortalecimiento y consolidación del modelo nicaragüense de relaciones civiles-militares, después de la exitosa experiencia que desarrollamos durante la elaboración de nuestro primer Libro de la Defensa Nacional en junio de 2005. Este documento, también conocido como Libro Blanco, sugiere una serie de programas de modernización de la Defensa que pretende servir como base de un plan estratégico conjunto para las futuras administraciones ministeriales y jefaturas militares.

La experiencia misma de formulación del Libro Blanco dio inicio a una nueva etapa de coordinación entre los técnicos civiles del ministerio y gran parte de la oficialidad del Ejército de Nicaragua. De igual forma el trabajo en equipo entre civiles y militares es una condición indispensable para el éxito de la VII Conferencia de Ministros de Defensa. Al respecto, recuerdo las conversaciones que sostuve con la Jefatura del Ejército de Nicaragua, donde convenimos el apoyo de dicha institución a tan importante evento. Con satisfacción he sabido que dicho respaldo se ha materializado exitosamente.

No obstante, esta realidad me lleva a reflexionar acerca de los desafíos pendientes del liderazgo civil para la gestión efectiva del Sector Defensa. Al respecto, un ejercicio válido sería evaluar en qué condiciones terminará el Ministerio de Defensa el proceso organizativo de la VII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. En base a mi experiencia como funcionario público y dado la oportunidad que me brindó el presidente Bolaños, al ratificarme como Ministro de Defensa de su gobierno, me permito compartir las siguientes consideraciones:

La efectividad del liderazgo civil en la conducción del Sector Defensa depende no sólo de una verdadera voluntad política para ejercerlo, sino también de la existencia de una burocracia civil técnicamente capacitada en estos temas. Por tal razón y sabiendo de la existencia de un buen número de funcionarios civiles que durante más de cuatro años se capacitaron para cumplir con dicha función desde el Ministerio de Defensa, resulta importante conocer sobre su grado de participación a nivel gerencial y sustantivo en el proceso de preparación de esta conferencia, de forma tal que se corresponda con la experiencia alcanzada durante la elaboración del Libro de la Defensa Nacional.

Esta premisa cobra mayor valor, dado el modelo nicaragüense de gestión enteramente civil del Ministerio de Defensa, el que ha sido considerado por especialistas en la materia como paradigmático. De igual forma, una de las líneas centrales de la agenda temática de la cumbre continental, incluye un subtema que se refiere al fortalecimiento institucional de los ministerios de Defensa. En lo personal creo que esto es muy importante porque históricamente en algunos países del continente ha habido una suerte de vacío en los temas de Defensa desde el mundo político y civil. En consecuencia, iniciativas como la organizacion de la VII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, deberían representar una valiosa oportunidad para comprometer con seriedad a las autoridades civiles, en la dirección de hacer que el tema de la Defensa sea efectivamente un asunto de todos.

Dicho compromiso depende en buena medida de la naturaleza y calidad del liderazgo que dirija la cartera ministerial de Defensa. En ese sentido, habría que diferenciar entre dos tipos de liderazgos: el liderazgo tradicional y el liderazgo moderno. El primero es el preferido de los políticos latinoamericanos y se caracteriza por un total desinterés en ejercer una auténtica conducción de los asuntos de Defensa y por la falta de una visión estratégica en relación al fortalecimiento del Ministerio de Defensa. Los intereses institucionales se confunden con los intereses personales del político tradicional, quien concibe su cargo como una vía para extender su carrera política.

En cambio el liderazgo moderno entiende la responsabilidad que conlleva la adopción de decisiones gubernamentales y las enmarca en la lógica de Políticas Públicas de Estado que intentan trascender el período de un gobierno o los intereses personales. Reconoce la importancia de construir una relación político-militar cooperativa bajo el liderazgo civil. Consciente de la temporalidad de su cargo, promueve la construcción y desarrollo de las capacidades del Ministerio de Defensa, pensando más en términos estratégicos que coyunturales.

Hoy que estamos a las puertas de la VII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas y coincidiendo con la finalización de la presente administración, sería importante evaluar el estado actual del sector Defensa en nuestro país, intentando identificar el balance que esta reunión hemisférica le deja a las instituciones nicaragüenses de la Defensa, en especial a aquellas de naturaleza civil comprometidas con el fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

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