“Hoy en día se aprecia un extraño olvido de Dios en grandes partes del mundo”.
(Benedicto XVI)
“Hay muchas maneras de olvidar a Dios. Incluso los creyentes, los cristianos, podemos olvidarnos y nos olvidamos ciertamente de Dios en muchos sentidos, lugares y circunstancias; más exactamente muchos modos, de no tomarlo en cuenta:
—Cuando pensamos que: “Religión es una cosa y negocio es otra”.
—Cuando nos aprovechamos de los sentimientos religiosos del pueblo y vivimos adulando a altos dirigentes o dignatarios eclesiásticos, sobre todo con el fin de llevar agua al molino partidario y votos a las urnas electorales.
—Cuando con los labios decimos: “¡Señor! ¡Señor!”, pero a la vez somos injustos, chismosos, mentirosos, perversos de corazón…
Dios, en cambio, es tomado en cuenta:
—Cuando se busca honestamente que impere la verdad, la justicia, la libertad, el bien común sobre el bien particular, grupal o partidario.
—Cuando se está lejos de acudir al servilismo, al “manoseo” de lo religioso con segundas intenciones, a muchas formas de irrespeto a lo que es santo o sagrado.
—Cuando con sinceridad se está dispuesto a luchar porque se imponga un Estado de Derecho con plena independencia de los poderes, sin deshonestas reparticiones.
—Cuando en la lucha por el poder se emplean medios legítimos y no fraudulentos, bajo el falso pretexto de que “el fin justifica los medios”.
Tomar en cuenta a Dios significa dar frutos de conversión profunda ratificada y certificada por actitudes nuevas que se concretan en actos de justicia, como en el caso de Zaqueo que devolvió lo que había robado y renunció a ser el poderoso de antes.