Se ha dicho con razón que el futuro de la humanidad se fragua en la familia. Nada más natural. La familia es la célula básica y vital de la sociedad, institución intermedia entre el individuo y el Estado, de derecho natural, pilar del orden social. Bien podría declarársela “patrimonio de la humanidad”.
Es una tarea urgente defenderla. En este artículo pretendo apuntar algunos factores que atentan contra su estabilidad. Lo haré no como especialista en el tema sino como católico que vive su fe. Por falta de espacio me veo obligado a ser esquemático. Al lector le cabe en cada ítem profundizar, meditar, orar.
El aborto: es un crimen con agravantes, pues se atenta contra un inocente indefenso a quien se priva, además, del bautismo. Las enseñanzas de la Iglesia son unánimes en condenarlo. Se habla de supuesto “derecho al aborto”, pero ¿qué derecho prevalece, el derecho a la vida del niño no nacido o el de la mujer de disponer?
Desprecio por las personas de edad: manía moderna que llega hasta la eutanasia en países “súper civilizados”. Se ignora la riqueza sicológica y la referencia necesaria de los mayores en la familia de la cual todos los miembros se benefician.
Diversas formas de procreación artificial: Son actos de médicos y de peritos, no del amor de los esposos. Se irrespetan las leyes naturales establecidas por Dios y se disminuye con estas prácticas el sentido de paternidad y maternidad responsable.
Divorcio: El matrimonio debe ser indisoluble y monogámico, bien lo dice la Biblia: dejará el hombre a sus padres y se unirá a su mujer y serán una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.
Drogas, alcoholismo: Son vicios que violentan a la naturaleza y que minan la dignidad de la familia. Son maneras de escapar del arduo cotidiano para caer en una realidad mucho peor que daña la salud y que, además, es pecaminosa.
Educación sexual mal entendida: Es la que se da fuera del tiempo exigido por la edad y administrada por personas extrañas al medio íntimo (familia, educadores responsables). Provoca un desequilibrio en los niños y adolescentes y les induce al vicio prescindiendo de las reglas morales. La relación afectiva y espiritual del amor humano es más importante que la información biológica.
Efectos nocivos de la televisión: La TV es un intruso en el hogar, por veces un saco de basura desparramado en la sala de la casa: pornografía, violencia, vulgaridades; imágenes que manchan la inocencia de los niños y tuercen las referencias de los adultos.
Ideología o perspectiva de género: Corrientes de pensamiento en boga dicen que ser hombre o ser mujer no está determinado por la identidad sexual personal sino por la cultura. Siendo así, cualquier desviación se justifica, creándose modelos radicalmente opuestos al sentido de familia.
Indiferencia religiosa: Es un cáncer más terrible que el que mata a los cuerpos. Las personas tienen una dimensión espiritual. Cuando no atentan a ello, se endiosan. El egoísmo es rey y a “mi parecer” la regla de conducta.
Manipulación del lenguaje: Existe una verdadera revolución semántica, palabras y términos ambiguos, equívocos. Cuidado con expresiones como “abertura”, “derecho a la diferencia”, “igualdad”, “tolerancia” y tantos otros. Dice el evangelio “sea vuestro lenguaje sí, sí, no, no”.
“Matrimonios” homosexuales: Praxis totalmente opuesta a la familia que está basada en el amor fecundo y complementario del hombre y de la mujer. Desvío que trae consecuencias nefastas para la educación de los jóvenes y niños, especialmente si son adoptados por esos “matrimonios”.
Mentalidad anticonceptiva: Esta mentalidad separa la sexualidad de su función natural procreadora y niega la santidad y la nobleza del acto que transmite la vida. Hay que gobernarse mediante la razón y la libertad. La continencia es accesible a todos con la ayuda de la gracia de Dios.
Programas y presiones de países y organismos: Países ricos e instituciones internacionales dichas “humanitarias” nos prometen ayuda económica a cambio de modificar nuestras costumbres e ir introduciendo el aborto, la esterilización forzada y cosas afines. Las familias numerosas siempre han sido una bendición de Dios para la humanidad.
Prostitución: Suma de diversos vicios vividos en un clima de amoralidad. Llaga de nuestras sociedades para lo cual contribuyen tantas personas “tolerantes”…
Relaciones prematrimoniales: Desorden a menudo bautizado como “matrimonio de prueba”. Se prescinde de la norma moral, de la educación, del autodominio y se denigra lo que es una verdadera pareja responsable.
Relativismo: Es el mal que denuncia sin tregua Benedicto XVI. No existen verdades definitivas ni referencias sólidas. Y así va el mundo…
Uniones de hecho: Son relaciones meramente humanas que así como se hacen se pueden deshacer. Las obligaciones, la responsabilidad, la oblación, la entrega mutua no es auténtica ni garantizada. ¡Pobres niños que nacen en ese medio pagano!
Estos son algunos antivalores que atentan contra la vida y la familia. Podrá haber otros. Trabajemos para promover los verdaderos valores.