Managua
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01.10.06
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Las prioridades de Eliza McGregor

En el orden de importancia, las elecciones presidenciales y la campaña política de su esposo no ocupan un lugar privilegiado. Para ella están en la lista de sucesos pasajeros.

Eliza McGregor tiene sus propias tareas, pero de la misma manera apoya a Eduardo Montealegre en todo lo que pueda. Pero la campaña ha significado algunos sacrificios, por ejemplo, dejó a su familia durante cinco días para viajar a Estados Unidos y recaudar fondos para la campaña, además, no estuvo con sus dos hijas durante sus cumpleaños, y renunció a la presidencia de Operación Sonrisa.

¿Cuáles son los primeros tres puestos en su lista de prioridades?

En este momento, bueno, la prioridad siempre son mis hijos y mi familia entera como núcleo. Después mi trabajo social. Y luego, el tercero es cualquier cosa que sea importante en el momento.

¿Y la candidatura presidencial de su esposo?

Bueno, es importante en este momento, pero es algo pasajero. Es importante andarle ayudando, que podamos llevar el mensaje que él está tratando de llevar a toda Nicaragua, pero es algo que no va a ser importante dentro de unos meses. No lo voy a negar, ha sido una gran experiencia. Yo no había viajado mucho por toda Nicaragua, más que a lugares como Chinandega, León, Granada; y no a los 153 municipios, como lo hicimos en un año. Fue un gran aprendizaje, aprendimos del campesino. Cómo el campesino toma sus decisiones, sabe lo que quiere y cómo llegar a ello. Lo que necesita es un poco de ayuda.

¿Cómo conoció a Eduardo Montealegre?

Yo tenía 15 años y él 19. Nos conocimos aquí en Nicaragua. Él andaba recogiendo a su hermano donde el ortodoncista, yo andaba con mi mamá, acompañando a mi hermana donde el mismo ortodoncista. Él sabía quién era mi mamá, la saludó y nos presentamos. Comenzamos a salir bien rápido, como por dos años y medio. Después dejamos de salir como por tres años. Él estaba estudiando en un lado, yo en otro y no había condiciones. En 1979 nos volvimos a encontrar casualmente en Estados Unidos, volvimos a salir y en 1982 nos casamos allá. Estábamos viviendo en Estados Unidos cuando nacieron nuestras dos primeras hijas.

Usted es master en Psicología y tesorera de Conanca, ¿se lleva bien con los números?

Soy muy buena en números . No sé, creo que es algo que uno lo tiene o no lo tiene. He aprendido, no es que sé mucho. Somos todas voluntarias y alguien tenía que ser la tesorera de las voluntarias, pero Conanca ha crecido tanto que ahora tenemos un contador todo el tiempo. Igual me gusta siempre chequear y doblechequear los balances.

¿Ha criticado a su esposo por vender las acciones de un banco y meterse a la política?

Yo le di apoyo total. Eduardo había llevado Bancentro a ser una institución. Él sabía que aunque se fuera, Bancentro iba a seguir. Era el momento de ayudar a Nicaragua, de regresarle a los nicaragüenses un poco de lo que él sabía. Hubiera sido mucho más fácil quedarse —en Bancentro—, pero las cosas fáciles a veces no son las mejores.

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