Hace algunas semanas Augusto Zelaya, mi buen amigo y a quien respeto mucho como ex jugador y profesional, escribió un interesante artículo sobre el estado actual del baloncesto y que pone el dedo sobre la llaga de este deporte.
También considero que en este tema puedo escupir en rueda. Después de 30 años de jugar baloncesto, en cuatro décadas diferentes, con los mejores jugadores del baloncesto nacional de todos los tiempos, con 16 campeonatos nacionales de anotación y otros cuatros en la Liga del Parque, donde también juegan los mejores de este momento.
Bien, estoy de acuerdo con Zelaya cuando valora de muy baja la calidad del baloncesto nacional. Pero no coincido con él cuando dice que el mejor baloncesto se jugó en los ochenta. Veamos.
Cuando empecé a jugar baloncesto en 1978, me enfrenté con gente que consideré como verdaderos monstruos. Tengo que hablar con mucho respeto de jugadores como Clifford Scott, el mismo Sammy Lambert, con quien no tuve el honor de jugar, pero lo vi haciéndolo, Whyman Thomas, Ángel Sánchez que recién también incursionaba en la Primera División, Rodolfo Ellis, que su presencia en la cancha intimidaba a cualquiera, el malogrado jugador, que bien pudo llegar a ser el mejor, Róger Hodgson, Bernardo Medal, Derick Omier, mi hermano César Núñez y por su puesto mis entrañables amigos del equipo de los “descamisados” de la Colonia Centroamérica, el Edwin “El Chino” Valdivia, Armando Martínez, Luis García, entre otros.
Era gente con una fuerte presencia en la cancha, al tiempo que en todos los torneos centroamericanos llamaba la atención su estatura y fortaleza, pero hizo falta técnica, mejores fundamentos. No había dominio del balón, pocos armadores, tiros de larga distancia, y sobre todo “aire”. Esto último es la gran debilidad del baloncesto, y me atrevo a decir que de todo el deporte nacional (creo que por justicia debo sacar al voleibol).
Surge generación
En los ochenta toda esta generación a quienes agrego a otros desaparecieron, aun cuando todos, sin excepción, eran jugadores que no llegaban a los 30 años, Kenet Taylor, Sergio Martínez, Luis Durán, entre otros, y apareció una generación de jugadores a mediados de la década.
La gente se retiró casi por completo de las canchas de baloncesto (salvo de los Ulloa). Hasta ese momento, al menos en las décadas del setenta y ochenta, el baloncesto giró siempre en torno a dos equipos fuertes, UCA-Caminos finales de los 70 y UCA-Proagro, Nexba-Costa Atlántica.
Independiente del gran apoyo que obtuvo el baloncesto en esa época no fue deslumbrante. El problema es que se le ha relacionado con los torneos Carlos Ulloa in Memoriam, pero son dos cosas totalmente diferentes.
He compartido el criterio del maestro René Quintana (q.e.p.d.) sobre estos torneos internacionales, quien sostenía al hacer un balance neto sobre ellos no dejaron nada al baloncesto nacional, salvo, por supuesto, la diversión de ver equipos de alto nivel competitivo.
Después de cada torneo, pasaba lo que sucede después de la noche buena, hay que limpiarlo todo y volver a la vida cotidiana. El deporte quedaba igual.
Lo mejor: los noventa
Soy del criterio que el mejor baloncesto se jugó en los noventa. Las razones, apareció una generación de jugadores de mejores condiciones físicas, más técnica, mejor juego de conjunto y sobre todo las disputas de los equipos se ampliaron a cuatro equipos altamente competitivos —Astros, UNI, UAM y Ayestas— y no a dos como sucedió durante los 20 años anteriores.
Pero contradictoriamente en esa década desapareció la selección nacional. En 1991 se conformó lo que puede considerarse la última de la década, y que a mi criterio es la mejor que ha habido. Con un intenso fogueo por Centroamérica, Panamá, Taiwán, tenía todas las posibilidades de lograr una medalla a nivel Centroamericano ninguna selección, de la que tengo conocimiento se fogueó, ni entrenó tanto para nada.
Los pleitos internos con la Federación, increíblemente, pulverizaron este esfuerzo y en menos de un mes, la desarticularon y al centroamericano de selecciones del año 1991, el presidente de la Federación, Francisco Zambrano, envió a un equipo sin incluir a ninguno de los miembros de la selección.
Pero independiente de todo eso, el baloncesto sí mostró una recuperación, la gente volvió a las canchas, tanto en el parque Luis Alfonso Velásquez, como en el Poli. Después llegaron los refuerzos, que sí tenían un nivel de primera. No creo que alguien cuestione la calidad de los panameños Mario Galvez, Amado Martínez, Mauricio Macías, Braulio Rivas, todos jugadores de mundiales durante la mejor época del baloncesto panameño, y por supuesto Jason Walters.
* Jugador de Baloncesto 1978-2006