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El OEA en Nicaragua
Víctor Manuel Talavera
El autor es abogado

Veintiuna naciones de América, entre ellas Nicagua, suscribieron en Bogotá, abril 1948, la carta de la OEA, que dio nacimiento a esa organización. Posteriormente, se incorporaron otras, para constituir 35; Cuba está suspensa (1962).

Fueron orígenes de la OEA, el Congreso de Panamá (1826), convocado por Simón Bolívar y la Primera Conferencia Internacional Americana (1890), la que luego se convirtió en la Unión Panamericana (1910).

Sus propósitos, son: Afianzar la paz y la seguridad del Continente; promover y consolidar la democracia representativa; asegurar la solución pacífica de controversias entre los Estados miembros; reafirmando que los Estados Americanos proclaman los derechos fundamentales de la persona humana sin distingos. Desde 1957 a la fecha, vísperas de las elecciones de noviembre, la OEA ha tenido una participación activa en Nicaragua, en la búsqueda de soluciones a las controversias entre Estados miembros y, a las disputas entre las distintas facciones políticas enfrentadas; como en misiones de observación electoral, incluidas 1974.

Desde aquel año, a raíz de la invasión de tropas hondureñas al poblado de Mokorón, Nicaragua presentó una queja de agresión a OEA, designándose una Comisión Investigadora, integrada por Argentina, Bolivia, Estados Unidos, México y Panamá, lográndose la firma de un acuerdo sobre cese de hostilidades entre ambos ejércitos. Después de ingentes esfuerzos en la búsqueda de soluciones pacíficas, la OEA logró que las partes en conflicto sometieran el diferendo a la Corte Internacional de Justicia, cuya Sentencia favoreció a Honduras (1961).

Al aproximarse el proceso electoral de 1962, la oposición, a través de un Manifiesto, agosto 1960, solicitó al presidente Somoza la supervigilancia de los comicios por la OEA, señalando: “Sabemos que al planear esta solución los voceros del Gobierno nos querrán acusar de intervencionistas. Pero desconocen que la OEA ha aceptado asumir su papel de contribuyente al afianzamiento de la democracia representativa “.

El Gobierno desechó por costosa la supervigilancia electoral. La oposición decretó abstenerse en los comicios de febrero 1963.

En el segundo mandato presidencial de Somoza (1974) y la crisis que se originó, como las presuntas agresiones a otros países vecinos, la OEA realizó visitas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Comisión de Mediación, para investigar las violaciones a los mismos, y el ataque de aviones militares nicaragüenses a un barco costarricense (1977). Patrocinó a la Comisión de Cooperación y Conciliación Amistosa (1978), para la búsqueda de una solución a las diferencias políticas entre el Gobierno y la oposición. Proponiéndole un plebiscito observado por el organismo y permitir votar a los nicaragüenses residentes en el exterior.

Somoza cuestionó fuertemente al presidente Carter y a la OEA por parcializarse en el conflicto nicaragüense. Culminando la crisis con la Resolución de la Decimoséptima Reunión de la OEA, del 23 de junio de 1979, que declaró “la inmediata y definitiva sustitución del régimen somocista; la instalación en Nicaragua de un gobierno democrático, que represente la voluntad libre del pueblo; y la celebración de elecciones libres lo antes posible”.

La renuncia de Somoza y la sustitución se produjo de inmediato. Pero la celebración de elecciones libres, por la presión nacional e internacional, ocurrió hasta febrero de 1990, cuando el gobierno de Ortega asumió el compromiso de invitar a participar a observadores internacionales hacerse presente en todos los Distritos Electorales, con el fin de constatar la pureza del proceso. El Secretario de la OEA respondió positivamente al Canciller nicaragüense, enviando como Jefe de Misión al doctor Mario González Vargas, para observar las reformas a las leyes electorales y al primer equipo de observadores.

Los sucesos violentos de Masatepe durante la campaña electoral vividos por los observadores de OEA, pusieron a prueba su imparcialidad. Preocupando a éstos “la persistencia de la descalificación de las autoridades electorales, la anticipación de fraude electoral” por la oposición, lo que se reflejó en el reporte.

A la medianoche del 25 de febrero de 1990, los nicaragüenses en las urnas electorales sellaron su propio destino y en la mañana del 26 el gobierno y sus dirigentes políticos reconocieron la derrota y el triunfo de la UNO y de Violeta Chamorro, anunciando que respetarán y acatarán el mandato popular emanado en estas elecciones.

La OEA contribuyó al proceso de desarme y desmovilización de la Resistencia Nicaragüense; a eliminar las minas terrestres en las zonas de conflicto y reducir el riesgo de muerte en poblaciones rurales que fueron escenarios del conflicto armado.

Hoy como ayer las elecciones tuvieron gran trascendencia y sin duda, la OEA las observó con imparcialidad que garantizó su transparencia y el respeto de la voluntad soberana del pueblo nicaragüense, quien concurrió masivamente a las urnas.

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